Sería bueno investigar lo de vacas mutiladas

Señor Director:
Otra vez un productor ganadero, esta vez de Chapalcó, en nuestra provincia, ha querido que trascienda la intriga que le produjo hallar, en su campo, una vaca muerta y con lo que llama “mutilaciones” que no puede explicar.
Parece claro que no es éste un hombre que trate de alimentar la tendencia de otros a imaginar explicaciones que van más allá de los datos que toma en cuenta y de la experiencia que tiene. La aparición de una vaca muerta en un campo es siempre un hecho sensible, ya porque tiene un valor, representa una inversión, ya porque inquieta, molesta o irrita no hallar un motivo claro, como es posible que suceda si el animal no ha sido faenado. Vuelven a ser frecuentes los casos de una subespecie de abigeos que se introducen en los campos de pastoreo, matan, roban la carne más apetecida y dejan el resto para el trabajo de perros cimarrones o aves carnívoras o para los procesos de putrefacción que descomponen lo que ha sido materia viva. A estos personajes de la noche no les interesa lo que pase con lo que dejan. Operan apremiados por saber que toda demora puede significarles quedar en descubierto.
Lo que dice el título de esta nota es que se debe investigar los casos que producen un grado de intriga porque muestran algo que no se acierta a explicar. En el caso de este productor su modo de comunicar el hecho a nuestro diario muestra que no quiere sumarse a quienes tienden a imaginar respuestas supersticiosas. Si bien ha pasado la etapa durante la cual se habló mucho de extraterrestres que harían cosas sin sentido para nosotros los terráqueos, en sus visitas a este planeta, todavía sobreabundan los filmes que parten de dicha intriga para despertar el interés del público. Algo más de medio siglo atrás era casi imposible sustraerse a admitir como posibles ciertos hechos que salen de lo habitual: lo que tiene su explicación dentro de los parámetros con que nos manejamos en este planeta. Literariamente el tema luce agotado pero hay canales de televisión que repiten filmes de aquel momento de auge de las expectativas de existencia de formas de vida extraterrestre con las que habría interés por establecer alguna forma de comunicación. Las personas más impresionables tienden a sentir miedo ante la posibilidad de que eso que estaría empezando a suceder pueda conllevar una amenaza contra la cual se desconoce la manera de prevenirse. También solían aparecer los que declaran haber vivido tales experiencias. En Santa Rosa hubo individuos divertidos que pudieron incorporar ese nuevo rubro a la materia prima de sus ocurrencias encaminadas a asustar o a ponerse en el centro de la escena.
Todo hecho anómalo o que, en algún aspecto, no pueda ser explicado con el estado actual de nuestros conocimientos, debe ser investigado. Está dicho que el comienzo de la sabiduría y el desarrollo de las ciencias ha partido de lo que nos provoca asombro o curiosidad. Si en lugar de fantasear sin fundamento nos ponemos a investigar las posibles causas de tal anomalía o novedad, no siempre llegaremos a una explicación final y completa, pero hasta ahora esta disposición por entender nos ha servido para prever y saber que vivimos en un universo que no terminamos de conocer. Sabemos también que nuestro existir está condicionado por factores que no manejamos, pero a la vez hemos construido seguridad en un grado que nos permite vivir sin andar asustados como el licenciado Vidriera (de Cervantes), ese hombre que se creía de cristal y temía el golpe que le hiciese estallar en pedazos.
Cuando Sócrates decía “solo sé que no sé nada” no pecaba de falsa modestia. También decía que los dioses lo habían puesto en la sociedad ateniense, como un tábano sobre un noble caballo, para picarla y tenerla siempre despierta. En lugar del miedo ante lo desconocido, ejercitar el pensamiento para buscar la causa de cualquier fenómeno. Esta búsqueda nos hace distintos.
Atentamente:
Jotavé

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