Si el plagio es un acto digno de ponderación

Señor Director:
La Feria del Libro, a la que no concurrí, me ha dejado una cantidad de apuntes que tomé de la lectura de algunos que sí asistieron.
Entre ellos encuentro una charla entre el escritor Rodolfo Rabanal y la periodista Silvina Friera (que tiene con qué entablar un mano a mano con escritores y poetas). Al leer lo publicado me dije que por faltar a la Feria perdí la oportunidad de conocer a este escritor que me ha interesado desde hace mucho porque tiene un modo propio de hacer de la realidad, y de su propia realidad, esa forma ficcional que llamamos novela: una de las formas de retratarnos y de retratar la relación entre humanos.
Rabanal presentaba su libro titulado La vida escrita, novela que, según Friera, es una ficcionalización de la realidad que él vivió durante casi veinticinco años, “que incluyen los ´70, cuando muchos amigos comenzaban a desaparecer”. No sé cómo hace Freira, pero lo cierto es que cuando entrevista a un autor revela haber leído su último libro y una parte al parecer amplia de su obra anterior. Muchas de sus preguntas parten de dichos o situaciones de la ficción del autor entrevistado.
En este caso, ante sucesivas preguntas, Rabanal responde con gusto y va dejando frases como éstas: “Para mí, la gran escritora es Marguerite Duras… la leo y la releo”; Borges es deslumbrante, pero él (Rabanal) siente “una distancia… en Borges hay una especie de apuesta a la inteligencia que es inapelable” ; en Joyce “hay una abundancia que me abruma”; “la afinidad que tengo con Beckett (Friera le había dicho que ella veía esa afinidad) es enorme…, admiro la escasez en Beckett, que del silencio hace sentido”; “yo creo que soy un pesimista estructural, aunque no soy depresivo… uno escribe no sabe para qué”… Las respuestas a preguntas no pactadas van dejando muestras de la solidez del entrevistado.
La frase que más despertó mi interés fue ésta: “Creo que Eliot convalidaba el plagio… decía que un buen escritor sabe robar, el mal escritor es el que roba y se nota”.
El tema había estado rondando mi propia cabeza en esos días, pero no es que me refiera precisamente a un plagio. Le he llamado “préstamo”. En mis columnas he hablado de estos préstamos, porque cuando escribo la memoria parece ponerse a dictarme cosas y a veces he sentido el temor de estar tomando algo ajeno. Luego he pensado que nuestra formación incluye como parte importante esta toma de “préstamos” y de eso he inferido (y dicho) que quien escribe y publica debe estar sabiendo que echa al mundo entidades imprevisibles, de libre disponibilidad. Y que eso, bien pensado, debe alegrar a un autor porque su criatura no pasa sin ser notada y aceptada. Ha enriquecido el orbe cultural, siendo que la cultura es la criatura humana.

Intruso
Muy de raro en raro nos enteramos que un río se ha instalado en el norte de La Pampa. No es que sea algo inesperado, sí un visitante ocasional. Le llaman río V, con la denominación que eligió Córdoba para algunos de sus muchos cursos de agua (Primero, Segundo…). El Quinto nace en San Luis, entra en Córdoba y cuando no puede contenerse, ahí es donde nos hace esa entrada que corta la ruta 188 y genera reclamos. Permanece un tiempo y luego se va.
Viene sin que lo llamen, se va sin que lo echen.

Carabela
Dicen haber encontrado restos de la carabela llamada Santa María, la insignia de la parva flota que comandó Cristóbal Colón para buscar una ruta occidental hacia las Indias. Se hundió frente a las costas de Haití, cerca del lugar donde el almirante había construido una especie de fuerte para anticipar su voluntad posesiva.
Si preguntásemos qué hubiese sucedido si Colón fracasaba, se abriría una amplísima cantidad de opciones. Una, que la Santa María no hubiese terminado su andar en esas aguas. Otra, que los europeos hubiesen repetido el intento y alguno habría resultado exitoso.
Pero, eso sucedió y no hay tutía.
Jotavé