Sin creencia propia se está en disponibilidad

Señor Director:
Uno de los hechos de la semana pasado, ocurrido en la esfera de lo político, puso en el centro de la atención, al menos por algunos días, a un senador nacional del PJ.
Esto se debió a que, en un programa de TV, expresó pensamientos que llamaron la atención, de modo muy especial en muchos de sus compañeros de militancia. Dijo que “la Argentina funciona como agente social de Bolivia y de agente delictivo de Perú”. Que “nuestro país incorpora la resaca porque no aplica control migratorio”. Que numerosos paraguayos viajan a Buenos Aires para operarse. Que en las principales villas (barrios pobres) los bolivianos ejercen predominio y en otras son los peruanos los que tienen el control de la droga, con colombianos. Una frase que quedó resonando fue: “Uno de los problemas de la Argentina es la cultura igualitaria”. Aconsejó que dejemos de “ser tontos, pues está cambiando el mundo. Es un mundo que se cierra”.
Dado que el periodista Lanata, en su programa, cuestionó la cantidad de estudiantes extranjeros en nuestras universidades, el neonazi argentino Alejandro Biondini, dijo al periodismo: “Primero Lanata, ahora Pichetto… hoy me siento un moderado”.
Esta humorada tiene miga, no sólo porque la diga un admirador criollo del régimen nazi alemán, sino por lo que sugiere, haya sido o no la intención de Biondini. Tengo mi propia interpretación, que diré más abajo. Ahora quiero dejar constancia de que he leído muchos comentarios sobre los dichos del rionegrino. El columnista Luis Bruschtein subraya la frase según la cual “El problema argentino es la cultura igualitaria”, para decir que “el problema de Pichetto es el peronismo”, al que presuntamente representa, por cuanto la construcción política iniciada por Perón tiene un rasgo dominante: la búsqueda de la igualdad, el igualitarismo. El columnista se explica las expresiones de Pichetto: Ahora, en el actual momento político argentino, cuando a los pobres se les está sacando el salario, calidad de vida, vacaciones, auto, educación, salud, entonces se hace necesario encausar el odio y la bronca hacia algún lugar; por lo que vemos procura derivar esa bronca hacia el otro diferente, hacia el extranjero, para que la pelea sea entre pobres. Pichetto esboza el peronismo que él quiere.
Ignoro todo lo personal e ideológico del senador mencionado. Sé que se hizo conocer como militante del peronismo y que recientemente aspiró a la gobernación de Río Negro, pero, por los votos que obtuvo, parece no haber sido acompañado por todo el peronismo. Ahora preside el bloque del P. Justicialista, que ha acompañado las iniciativas de Cambiemos, aunque en algunos casos logró introducir cambios en el proyecto original. La actitud de Pichetto es la de muchos gobernadores y legisladores peronistas, entendida como una estrategia de sobrevivencia, por su grado de dependencia de los recursos que administra el gobierno nacional. También parece representar el pensamiento de muchos de esos gobernadores y legisladores, en el sentido de abandonar el liderazgo que conquistó Néstor Kirchner y consolidó Cristina Fernández. No es la primera vez que esto sucede en la casi secular historia del peronismo (y de otros partidos), que puede ser expresión de la natural diversidad, pero también puede indicar desviaciones del ideario básico, como sucediera con Menen. Ni el peronismo ni otros partidos con desarrollo nacional, son construcciones ideológicas cerradas. Tampoco están libres de defecciones.
Hay otro aspecto que ahora solo apuntaré: que no todas las adhesiones a un grupo político con proyecto definido implican identificación. Quienes llegan a un partido pueden ser aventureros que lo eligieron porque da mejores chances de llegar al poder, pero no se atienen a una concepción ideológica porque no la tienen. Lo que siempre tienen, aunque no les conste, es disponibilidad.
Atentamente:
Jotavé

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