Sin punto final para crimen que no cesa

DOMINICALES

La consigna es “Ni una menos”.
La réplica más inmediata a la marcha femenina del miércoles 19 consistió en avisar que esta vez se replicaba no con una sino con tres más en un único escenario.
No es de imaginar que exista algo así como una organización mafiosa de machos para responder sin piedad a cada paso adelante que se dé en la expresión de la voluntad femenina de poner en claro que hay un problema (por no decir una guerra) que opera como un francotirador que hace puntería sobre ellas, cualquiera de ellas. Y si no hay una organización criminal, como no la hay, la conclusión no es menos desoladora, porque confirma que hay algo como una fuerza impersonal (en otro tiempo pudo decirse diabólica) que opera sobre la psiquis del varón y determina que alguien, en alguna parte, algún varón, esté descargando golpes y matando a una mujer.
Lo que antes se decía diabólico, como obra de una fuerza afiliada al mal, ahora es pensado como consecuencia de un importante cambio cultural, el cual opera como una pulsión que brota desde la entraña profunda de un varón, quien no obra según plan, sino porque en el momento es dominado por esa energía oscura que habita su entraña. Y no es que pueda pensarse que la mujer obra en cada caso en función de la conciencia de sus derechos, porque así como se decía que cada hogar es un mundo, cada relación actual, sea de pareja, sea con matrimonio formalizado, puede entrar en crisis y generar reacciones inadecuadas de una u otra parte, con el desenlace más frecuente que presenta al varón como el que toma la resolución más dura.
Veamos algunos de los casos de la crónica para el momento de escribir esta nota (el miércoles 26).
En Chascomús, María Catalán Monserrat, de 53 años, fue asesinada por su marido Jorge Arocena, de 56. El hombre disparó su escopeta sobre su mujer y luego se suicidó,
En Rafael Calzada, Buenos Aires, luego de participar de la marcha del 19 en plaza de Mayo, Adriana Lorena Vera, de 34 años, fue estrangulada en su casa. Su pareja, Cardozo, de 41 años, fue detenido al fracasar su intento de hacer pasar la muerte como suicidio.
En Las Tapias, Córdoba, una mujer fue asesinada el domingo 23. Era Claudia Carrizo, de 43 años. El esposo fue detenido, presumiéndose que fue el asesino.
Mendoza ya sumaba tres femicidios en el mes, cuando Daniel Salazar, profesor d artes marciales, mató a tres mujeres, hirió a dos niños y buscó repetidamente a un tercero que había podido escapar y que fue quien dio la alarma por el suceso. Salazar preparó el ambiente del crimen para poder presentar el hecho como resultado de un incendio circunstancial, pero el auxilio llego antes al sitio por la denuncia de un niño de ocho años.

Filicidio.
La Pampa no sumó otro femicidio, pero ha conmovido la sospecha de que la muerte de un pequeño de quince meses, en Anguil, haya sido causada intencionalmente por sus padres. La madre ensayó una explicación aduciendo que había aplastado al niño, que dormía con ella, pero la autopsia inclina a pensar que el niño pereció porque su cerebro golpeó repetidamente contra el cráneo al ser sacudido por alguno de los miembros de la pareja, a la cual hace un tiempo se le había muerto otro pequeño en circunstancias dudosas, pero que no fueron investigadas. En este caso no estaríamos ante un femicidio sino ante un filicidio, probablemente vinculado a circunstancias conflictivas de la pareja entre sí o de ambos con relación a un hecho que los perturbe.
También en Santa Rosa concluyó el juicio contra una persona joven que causó la muerte de una mujer con la que no tenía relación alguna. El hecho se produjo al colisionar el vehículo conducido por el varón, que disputaba una carrera ilegal, con el coche de la mujer, una embarazada de seis meses, quien murió en el acto. La pena fue de cuatro y medio años de prisión efectiva por “homicidio culposo”, más otras condiciones a cumplir hasta que la sentencia quede firme y también después: no podrá conducir por diez años cualquier tipo de automotor. No fue un femicidio, aunque murió una mujer embarazada.

Cultural.
En otras notas, al tratar de entender la frecuencia de los femicidios, me he inclinado por la hipótesis que habla de consecuencias de un cambio cultural, con antecedentes remotos, cuyo efecto fue dar al varón un papel predominantemente social y de mando, y a la mujer un desempeño en el ámbito doméstico y de hecho subordinado.
De alguna manera el varón actual, en la medida en que conserva esa prevalencia para el desempeño público y la función llamada de patriarcado, se encuentra con un problema heredado que no siempre está en condiciones de resolver con lucidez y equidad.
En la situación que se genera a partir de que la mujer avanza hacia la igualdad de derechos, ambos protagonistas se encuentran enfrentados a una situación diferente a lo tradicional. Cada uno, el varón y la mujer, se conduce en el conflicto de acuerdo a su experiencia y lucidez, al tiempo que la sociedad y la misma justicia, si bien asisten y apoyan la modificación de las leyes que rigen esta relación, tampoco actúan siempre de manera que evite la tragedia.
Esta es la característica de lo que llamo cambio cultural y de la falta de sincronía entre el ritmo de avance del derecho y la capacidad individual de adaptarse y dar respuesta civilizada.
Jotavé

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