¿Sindicalismo combativo o contemplativo en la CGT?

UN PARO QUE NO TIENE FECHA

Ariel Basteiro* – La CGT acordó la realización de un paro nacional de 24 horas contra las políticas de ajuste del gobierno nacional, pero la medida aún no tiene fecha definida.
La Confederación General del Trabajo -véase que no de los trabajadores-, máxima organización sindical de los trabajadores argentinos, se encuentra ante un nuevo desafío: la unidad para defender conquistas y salarios. Después de muchos años de divisiones y diferencias con respecto a cómo relacionarse con el gobierno kirchnerista, tiene que determinar cómo lo harán ante el gobierno de Mauricio Macri, al que mucho de esos dirigentes sindicales ayudaron a que accediera a la presidencia del país.
En el triunvirato que preside los destinos de la CGT hay cuota de ortodoxia, mucha de heterodoxia, alta cuota de contemplación y nada de combatividad, ya que ese sector no aceptó formar parte de una conducción de la Confederación de mascarilla.

Eternos oficialistas.
En el seno de la CGT, continúan al frente de algunos sindicatos dirigentes que conforman uno de los nucleamiento llamados “los gordos”. Oficialistas siempre del gobierno que le toque en turno, tienen la táctica de priorizar la negociación para arrancar alguna prebenda que signifique algo para sus estructuras sindicales o para provecho propio, pocas veces o nunca para los laburantes. Estos vendrían a ser, según los dichos de Perón, los ortodoxos o contemplativos.
Lo saludable, aún hoy, es que aparecen dentro de la Confederación General del Trabajo, dirigentes o sindicatos que, por conciencia o ante la situación a los que los lleva la política económica de los diferentes gobiernos, toman la responsabilidad de expresar los intereses de los trabajadores y empujan el reclamo de estos de manera clara y determinante. El bancario Sergio Palazo y aquellos que componen la Corriente Federal se han convertido en sectores combativos -contestatarios a la política de Macri- que buscan darle un poco de dignidad a la lucha sindical.
Recordemos que a lo largo de la historia son estos sectores lo que marcaron tiempos y quedaron en la memoria de sus trabajadores: Ongaro, Tosco, Ubaldini, por nombrar sólo alguno de los dirigentes que fueron cabeza de sectores combativos en los últimos cincuenta años.
Luego, hay un gran grupo de heterodoxos, que son mayoría, y disparan para donde los corren o, mejor dicho, se posicionan según perciban el clima imperante en la sociedad, en la política o en el mundo sindical.

Rogando.
Con esta realidad sindical dentro de la CGT, sus diferentes posturas, la incapacidad de imponer plan de lucha por parte de los sectores más movilizados, es natural que se postergara la fecha del paro general, hasta que no quede otra posibilidad.
En el medio escucharemos el mensaje de los conciliadores, diciendo/pidiendo/rogando al ministro de Economía Prat Gay que se modifique el mínimo no imponible de Ganancias, que se abran paritarias para reacomodar con un bono de fin de año o un aumento salarial la caída en el poder adquisitivo de los salarios, y no se avance en reformas laborales que perjudiquen a los trabajadores, como la ley de accidentes de trabajo. Una larga agenda de temas que seguramente podrá ser olvidada si se consigue un bono para fin de año o tan solo una promesa sobre ganancias.
Por suerte, allá por el año 1993 nació el germen que le dio vida a la CTA (Central de Trabajadores de la Argentina) -y no de argentinos, pues como central en el país, nuclea a trabajadores migrantes que hacen su vida en la argentina-, que fue resistencia durante el neoliberalismo de la década del noventa. Grupo sindical más comprometido en el apoyo al gobierno de cambio y avance de derechos de la última década, y fundamentalmente quien comenzó a organizar y empujar la resistencia al gobierno de Macri.

El peso de la CTA.
Sin la CTA en la calle difícil que la CGT estuviera discutiendo la necesidad de un paro para este último trimestre del año. Sin la CTA en la calle no hubiera existido la Marcha Federal, movilización de más de 200 mil trabajadores en las plazas más importantes del país. Sin la CTA en la calle el gobierno estaría más relajado, dispuesto a acordar como lo hizo en estos últimos diez meses con esos dirigentes que lo ayudaron a llegar al gobierno y que quizás solo por la presión de las bases y la continuidad de políticas de caída del empleo, baja salarial y desmoronamiento de la economía, hoy amagan con una medida de fuerza. Medida que sólo llegará si el ministro Prat Gay, junto al Presidente, vuelve a hacer un desplante a esta dirigencia. Con alguna caricia esa medida de fuerza seguirá esperando o será lanzada por sectores de la CGT y la CTA de los trabajadores que conduce Hugo Yasky, junto a la CTA autónoma.
Sin la CTA en la calle difícil que la CGT estuviera discutiendo la necesidad de un paro para este último trimestre del año. En definitiva, cada vez que se inicia un gobierno, suele decirse que hay que dejarlos gobernar mientras dure la luna de miel con la sociedad. Así fue con Alfonsín, Menen, De la Rúa y el gobierno de Néstor y Cristina. La brutal transferencia de recursos que se llevó adelante en estos últimos diez meses -desde los trabajadores hacia los sectores más concentrados de la economía-, hace que esos tiempos puedan adelantarse.

Indignados.
Más allá de la prudencia de cierta dirigencia sindical, a lo largo de este año, trabajadores, movimientos sociales, estudiantes, organismos de derechos humanos, vecinos indignados por los tarifazos, salieron a la calle y dieron elementos suficientes para que de una vez por todas la CGT haga honor a su mejor historia. De no suceder rápido, seguramente habrá otros quienes tomemos la bandera, junto a la CTA, que nació cuando una parte de la dirigencia sindical acompañó el plan de ajuste del menemismo. (Nuestras Voces).
*Integrante del Departamento Internacional de CTA de los Trabajadores, ex secretario general de APA (Asociación del Personal Aeronáutico) y ex embajador argentino en el Estado Plurinacional de Bolivia.

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