sábado, 21 septiembre 2019
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Sólo un milagro podría salvar a Mauricio Macri

LA SEMANA POLITICA

Con una inflación en marzo del 4,7 por ciento y en los últimos doce meses del 54,7 por ciento, las chances reeleccionistas de Mauricio Macri son casi cero. Sólo un milagro podría salvarlo. Mejor dicho, sólo errores de sus adversarios.
SERGIO ORTIZ
El pez por la boca muere. Y Macri está moribundo políticamente hablando por haber dicho que solucionar la inflación sería lo más fácil para su gobierno. Su adorado Indec informó que la inflación de marzo había sido del 4,7 por ciento y en alimentos dos puntos más arriba; en los últimos doce meses había alcanzado el 54,7 por ciento. En abril andará algunas décimas debajo del mes anterior y el anualizado llegará al 57 por ciento, consolidando el triste récord macrista de mantenerse en el podio mundial de los tres países con más inflación.
Eso castiga impiadosamente a casi la totalidad de las familias argentina, exceptuada una minoría dolarizada y propietaria de los 200 monopolios, bancos y energéticas que están más allá del bien y del mal. Pero esa realidad está arruinando hoy políticamente a la runfla presidencial, anticipando una dura derrota en octubre.
Algunas encuestadoras, incluso la que solían trabajar para el gobierno, como Isonomía, han publicado sondeos donde Macri perdería en segunda vuelta por 9 puntos ante Cristina Fernández de Kirchner.
Esa no es una mera sensación de inseguridad electoral. Es la inseguridad total, motivo por el cual MM entró en pánico y se embarcó en el «plan Octubre» para ver si puede tener alguna chance de reelección.
Contradiciendo toda su filosofía y práctica, en conversaciones con 16 grupos concentrados de la economía, arregló que 64 productos alimenticios como arroz, fideos, aceite, galletitas, etc, estarán congelados por seis meses. Es una suerte de reflotamiento del odiado plan «Precios Cuidados» heredado del gobierno anterior pero miniaturizado al máximo, al punto de que encontrar uno de esos productos en góndola fue estos tres años como hallar una aguja en un pajar.
En esa lista tan corta faltan carnes y verduras; se dirá que por otro lado habrá asado, vacío y matambre a 149 pesos el kilo, claro que para ello habrá que ir hasta el Mercado Central…
Los productos serán segundas o terceras marcas, y como el plan empieza el 22 de abril los supermercadistas tuvieron tiempo de sobra para remarcarlos antes de su entrada en vigencia.
Para la mayoría de los argentinos es altamente dudoso que este «plan Octubre» vaya a bajar la inflación en términos sustanciales y sostenidos. Puede ser un pequeño sosegate o ni siquiera eso, un leve decaimiento para tomar nuevamente envión hacia una inflación tan espectacular que algunos economistas del palo neoliberal, como Carlos Rodríguez, hablan de un plan Bónex para antes de fin de año.

«Pacto de caballeros».
La otra cosa que nadie pone en duda es el origen electoralista de la maniobra. Se lo llame «manotazo de ahogado», «engaña pichanga» o «seudo populismo», tiene a la vista el sello del electoralismo. Macri está muerto en las encuestas y quiere un soplo de vida artificial, control de precios mediante.
Quien se la pasó pontificando contra los controles y la intervención del Estado (bien que aprovechó para hacer grandes negocios familiares a expensas del mismo durante décadas), resulta que ahora, que atraviesa serias dificultades, no se anima a dejar su suerte en manos del Dios Mercado.
Y no sólo tuvo que negociar de urgencia ese congelamiento de precios en determinados alimentos, sino que también el Banco Central dispuso de determinadas normas en relación al dólar. Procuran que las llamadas bandas de flotación se mantengan entre un piso de 39 pesos y un techo de 51, centavos al margen. Otro dispositivo dudoso, sobre todo cuando el bombero Guido Sandleris tiene en su manguera poca agua para apagar posibles incendios: 60 millones por día, insuficientes en caso de corrida del billete.
El tercer elemento del «plan Octubre» también desnuda el oportunismo macrista. Dispuso que no habrá nuevos aumentos de tarifas de gas, electricidad y transporte hasta fin de año, aunque las ya anunciadas se cumplirán, con lo que el corte no es total. Habrá que ver cómo proceden las provincias con esas tarifas, porque muchos precios no dependen sólo de los anuncios de Nación. En el mejor de los casos no habría otros tarifazos como los anteriores, pero que nadie se haga ilusiones en que las boletas llegarán con importes congelados o inferiores.
Suponiendo que esas tarifas se congelaran. La pregunta es: ¿por qué Macri vetó en su momento la ley impulsada por la oposición para que las tarifas de 2018 fueran retrocedidas a noviembre de 2017, congeladas un tiempo y luego aumentadas en función de las subas de salarios y jubilaciones?
Respuesta obvia: no quiso dar marcha atrás con tarifas porque la negociación con el Fondo Monetario lo obligaba a más ajustes. Ahora retrocede apenas un par de pasos porque se siente al borde del abismo o cayendo por esa cornisa.
Suponiendo que el presidente, por su extrema necesidad electoral, quiera mantener lo más posible el congelamiento de los 64 precios e incluso introducir algunos más en el listado. ¿Y si los empresarios concentrados deciden remarcar o desabastecer, los dos rostros habituales de su proceder monopolista? ¿Tiene en ese caso el gobierno las herramientas de control de precios, las multas y eventualmente las sanciones más fuertes para evitar esas conductas ilegales?
Como tener, formalmente las tiene en la ley Nº 20.680, del año 1974, contra el desabastecimiento, que prevé multas y hasta prisión de directivos que desabastezcan el mercado. El problema es político. Los monopolios tienen tanto poder que durante décadas han burlado esa ley e incluso han puesto en duda su vigencia. El único gobierno que en un momento dado quiso aplicarla, por ejemplo contra Shell, fue el de Néstor Kirchner, pero al final la anglo-holandesa se salió con la suya y no pagó ninguna de las numerosas multas que la secretaría de Comercio había labrado. Su presidente de entonces, Juan J. Aranguren, fue promovido por Macri a ministro de Energía cuando Cambiemos llegó al gobierno y sus tarifazos todavía duelen a los argentinos.

Llenos de dudas.
El gobierno actual no piensa presionar a los firmantes del lábil acuerdo. El suyo ha sido un «pacto de caballeros» con los grupos empresarios, de modo que éstos cumplirán en tanto quieran y les convenga.
El problema de Macri es que ya no convence a todo el mundillo empresarial, que antes lo ovacionaba en la Suciedad Rural, los coloquios de Idea y los rioplatenses Foros de Davos, entre otros encuentros de representantes del gran capital. El único amor que le está quedando es con Christine Lagarde, y más que nada por dinero, porque la madame quiere recuperar la plata del FMI.
Hasta ahora era una verdad comprobada que al presidente le respondían poco menos que en forma militante los dueños de bancos, energéticas y otros grupos de monopolios como Clarín.
Sin embargo, el parate económico es de tal magnitud que algunas de estas empresas han tenido malos balances, como Molinos, Arcor y otras alimenticias.
El cese de algunos subsidios en Vaca Muerta y la parálisis industrial viene afectando a Techint tanto en su rama petrolera como al pulpo siderúrgico vinculado a la construcción.
Los movimientos alcistas del dólar y suba de la tasa de riesgo país, que llegó a 854 puntos, provocaron caídas del 10 por ciento en las acciones de bancos como el Galicia y empresas como las de Marcelo Midlin, en la bolsa neoyorquina.
Esos multimillonarios son unos entreguistas del país y explotadores del trabajo argentino y de todas las nacionalidades, pero no son estúpidos. En este momento tienen una doble duda. Una, obvia, es si la situación económica, financiera y política-social del país llegará, aún con muletas, hasta octubre y las elecciones. Temen que un viento de fronda o estallido social pueda llevarse todo puesto. La otra duda cruel, para ellos, es si la candidatura de Macri podría lograr el milagro de una victoria en la que hoy muy pocos creen. Esos empresarios son pragmáticos y resulta difícil convencerlos con la teoría de que hay luz al final del túnel y que esa luz que hoy se ve no es de un tren que viene de frente a toda velocidad.
El «círculo rojo» de los sectores más concentrados y monopólicos de la economía y finanzas siente desconfianza en el presidente. Sin ser lo esencial, un 15 por ciento de su bronca se origina en haber sido citados y hasta procesados muchos de ellos por la «causa de las fotocopias», impulsada por el gobierno y su corte de adictos de Comodoro Py. Por más que ellos evadieron la cárcel, no así otros empresarios ligados al gobierno anterior, pasaron un mal rato y sus negocios con el Estado se demoraron o suspendieron. Del mismo modo se achicarán sus aportes electorales a Cambiemos, si prospera la ley de aportes privados empresarios impulsada por el oficialismo y Argentina Federal.
Un cálculo tipo Adrián Paenza: 4,7 por ciento de inflación en marzo, multiplicado por 7 meses que faltan hasta octubre da 32,9 por ciento. Ese puede ser el porcentaje de votos que Macri tenga en primera vuelta, perdidoso y camino a un balotaje aún peor, frente a Cristina u otros candidatos.