¿Solo en Alemania compran periodistas?

La documentada denuncia del periodista alemán Udo Ulfkotte sacudió el mundo de la prensa europea y puso en discusión el mito de la “independencia” de los grandes medios de comunicación. Fue tan fuerte el impacto que el libro se convirtió en un best seller en Alemania a pesar del manto de silencio que sobre él tendieron los órganos de prensa más importantes de ese país.
Lo que informó este alemán es que los servicios de inteligencia de Estados Unidos, de Alemania y de la OTAN sobornan habitualmente a periodistas y medios de prensa para publicar informaciones falsas que luego serán usadas para presionar o aplicar sanciones a países “díscolos”. La embajada de EE.UU. provee sobres con dinero e informes que muchas veces se llegan a publicar textualmente, casi sin editar, en los principales diarios y reproducidos por la radio y la televisión. El mismo pasó por esto hasta que se decidió dar a conocerlo para evitar “una guerra con Ucrania”. Sabe que su arrepentimiento implica riesgos pero dijo estar dispuesto a asumirlos porque “no quiero más guerras” ni ser parte “del brazo de propaganda de la OTAN”.
La pregunta que surge inmediatamente es si lo que denuncia Ulfkotte no ocurre en otros países, en general, y en Argentina, en particular. La feroz campaña mediática desatada por los grandes medios porteños enancados en la muerte del fiscal Nismann tiene componentes altamente sospechosos. Se sabe muy bien que el fiscal tenía una relación muy estrecha y recibía directivas de la Embajada de EE.UU., la CIA y el Mossad. También de uno de los agentes más poderosos de los servicios de inteligencia de nuestro país, desplazado de su cargo en diciembre. Pero los periodistas de los grandes diarios y la televisión porteños casi nunca hablan de este dato sugestivo y de tanta gravedad institucional. Y menos ahora, mientras fogonean la “marcha de los fiscales” que militan en contra del gobierno.
Es muy llamativo cómo están reproduciendo mucha información que se genera en EE.UU., del mismo modo que lo hicieron a fin del año pasado con el conflicto con los fondos buitres. Cualquier repercusión, por ínfima que sea, que tenga lugar en el país del norte, acá es amplificada hasta el absurdo, como la opinión personal de una tenista retirada que atacó al gobierno argentino vía twitter.
Esos periodistas se dijeron escandalizados por las escuchas telefónicas a militantes kirchneristas de cuarta o quinta línea que mencionaban tangencialmente a la embajada iraní. Uno de ellos, el más desaforado e insultador de la TV, llegó al extremo de hablar de una “diplomacia paralela”. Pero lo que oculta, tanto él como los comentaristas estrella de esos medios, es que la verdadera diplomacia paralela es la que viene desarrollando la embajada de EE.UU. A sus fiestas y agasajos de cada 4 de julio (día de la independencia de ese país) y a otras actividades patrocinadas por la sede diplomática, asisten todos esos periodistas. Muchos son invitados a dar charlas con viajes y retribuciones muy bien pagadas en foros de EE.UU. adonde deleitan a las plateas más conservadoras y hostiles con nuestro país.
Los representantes de los fondos buitres han agradecido públicamente a esos periodistas por ayudarlos con su “labor informativa”, y ese colmo de vasallaje y sumisión a los intereses de usureros extranjeros que litigan contra Argentina es naturalizado con un cinismo sin par.
Los frondosos antecedentes de la embajada norteamericana y de los grandes medios nacionales en materia de hostigar a los gobiernos que no se inclinan ante sus intereses, habilitan la desconfianza. Y estas escandalosas revelaciones de lo que pasa nada menos que en Alemania, contribuyen a abrir los ojos ante las operaciones indisimuladas de tantas firmas rutilantes y charlistas televisivos que hace mucho dejaron la práctica del periodismo para militar como lobbystas de poderosos sectores reaccionarios.