¿Son periodistas o comisarios políticos?

Cada día más agresivos están los grandes medios porteños disparando sus gruesas municiones contra toda voz que se atreva a criticar al gobierno nacional u organización que se movilice en protesta por tarifazos, despidos, aumentos de precios, etc. Tanto los editorialistas en sus columnas de opinión como los cronistas en el plano informativo se han embarcado en una campaña de demonización que apunta a desacreditar a quienes cuestionan las políticas neoliberales del macrismo y sus consecuencias negativas en el campo social.
Con absoluta carencia de datos o pruebas, desde los grandes diarios, las pantallas hegemónicas y no pocas radios se escuchan acusaciones más dignas de una caza de brujas dictatorial que de un debate democrático sobre ideas o proyectos políticos. Las grandes corporaciones mediáticas multiplican sus imputaciones contra muchos dirigentes -especialmente del kirchnerismo- de promover acciones golpistas y desestabilizadoras sin la mínima preocupación por acompañar semejantes denuncias con evidencias respaldatorias. Así, el ejercicio del periodismo continúa degradándose, deslizándose cuesta abajo por la pendiente de la desvergüenza. Resultó revelador conocer que dos de los más belicosos “periodistas” tienen a sus parejas trabajando en relación de dependencia con la vicepresidenta de la Nación.
“Plan subversivo”, tituló con grandes caracteres en su primera página uno de los periódicos porteños. En esa atmósfera enrarecida otros charlistas de la TV promueven lisa y llanamente “echar” a jueces y fiscales que no proceden según sus deseos. No faltan los que braman por un endurecimiento de las políticas represivas contra la protesta social y todos, por supuesto, se suman al coro de los que piden a gritos cárcel a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. No les importa en absoluto la ausencia de pruebas inculpatorias en los procedimientos judiciales. El aberrante caso del dólar a futuro es quizás la expresión más acabada de la furia vengativa desatada contra el kirchnerismo. Esa investigación tiene al frente a un juez de pésimos antecedentes, no solo por figurar en la célebre “servilleta” menemista sino por haber sido apartado por su incapacidad manifiesta para investigar el encubrimiento del atentado a la AMIA. A pesar de ese prontuario y de las recusaciones fue confirmado para continuar al frente de lo que ya dejó de ser una investigación penal para convertirse en una persecución ideológica sin tregua.
El macrismo y sus aliados políticos también aportan su cuota de desmesura y fogonean acusaciones sin medir consecuencias. La ministra de Seguridad habló de la existencia de un “plan de desestabilización” sin sentirse obligada a presentar una sola prueba de su temeridad. El caso de las nunca probadas, ni fotografiadas, ni filmadas pedradas al Presidente de la Nación es otra muestra de esta campaña sucia. El falseamiento de los hechos alcanzó aquí su clímax. Es evidente que el “periodismo de guerra” desatado por el Grupo Clarín contra la ex presidenta -como lo reconoció uno de sus periodistas estrella- no cesó el 10 de diciembre y sigue marcando la agenda sin medir consecuencias.