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Súbito y tardío deseo de «dialogar»

La inventiva marketinera del gobierno nacional no tiene límites y siempre puede superarse a sí misma. Como la convocatoria a la oposición a un «diálogo» con un libreto ya escrito fracasó, volvieron a la carga con una nueva versión y hasta incluyeron a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, iglesias de todos los cultos, sindicatos y, desde luego, los grandes empresarios.
Es más que evidente que se trata de una nueva estrategia del macrismo para desviar la atención de los gravísimos problemas que atraviesa el país a causa del rumbo económico que imprimió desde el primer día de su mandato. Por otra parte, resulta poco creíble este llamado al diálogo a escasos seis meses de terminar el período de gobierno y cuando hasta el momento aplicó un impiadoso plan de ajuste sin escuchar a ninguno de los sectores que hoy son convocados. Y nadie puede decir que no hubo reclamos.
Trabajadores, jubilados, desocupados, pequeñas y medianas empresas, productores de las economías regionales se cansaron de golpear las puertas de la Casa Rosada sin recibir una sola respuesta a las abundantes demandas frente a una política insensible que ataca con especial furia a la producción y al mercado interno y premia a la especulación financiera. Asimismo casi todos los espacios políticos, hasta los socios radicales en la alianza Cambiemos, intentaron exponerle al gobierno sus objeciones ante las desastrosas consecuencias de su gestión con el mismo resultado que los anteriores.
Si hubo una cualidad que distinguió al macrismo esa fue su nula predisposición para escuchar las demandas de casi todos los sectores sociales y económicos agredidos por sus políticas que se caracterizaron por derramar riqueza hacia arriba y pobreza hacia abajo. Incontables y masivas manifestaciones y actos públicos que tuvieron lugar a metros de la Casa Rosada y en todas las ciudades del país no lograron destapar los herméticos oídos de los CEOs del gabinete nacional.
Por tal motivo esta súbita -y tardía- mutación en la actitud del macrismo aparece a todas luces como una precipitada reacción ante la fuerte caída de la imagen pública del gobierno y del propio presidente de la Nación. La inquietud estremeció las filas del macrismo a partir de la divulgación de varios sondeos de opinión realizados por consultoras muy cercanas al oficialismo que mostraron, a la vez, una caída en picada de la imagen de Macri y un ascenso pronunciado de la de CFK. Ahí está el verdadero motivo de este «cambio» de Cambiemos.
En tanto las variables de la macroeconomía no paran de dar malas noticias: el dólar, la inflación, la tasa de interés muestran que la «tormenta» no termina de pasar. Y sus consecuencias son demoledoras como lo muestra el dato divulgado en las últimas horas de la actividad industrial que cayó el 13,4 por ciento en el último año y el desplome de la producción automotriz que llegó al 34 por ciento. Hay que retroceder mucho en el tiempo para encontrar una catástrofe parecida que se traslada a la esfera laboral y social con efectos destructivos.
Por estos días la prensa adicta no habla de otra cosa que del «diálogo». Tal parece que eso es todo lo que busca esta estrategia duranbarbesca.