Submarino: el enojo de los familiares

El hallazgo del ARA San Juan en el lecho marino a casi un kilómetro de profundidad aportó cierto alivio al gran dolor de los familiares de la tripulación fallecida pero no mitigó su enojo. Es que otra vez quedaron al descubierto las maniobras de un gobierno siempre más atento al marketing que a la sensibilidad por los que sufren.
El descubrimiento ocurrió el último día de trabajo del buque de la empresa Ocean Infinity en un área en donde ya había trabajado la misma nave y, meses atrás, otras de varios países que colaboraron en la búsqueda. Debe recordarse que la contratación de esa compañía no tuvo lugar hasta después de que los familiares de los submarinistas se encadenaran durante casi dos meses a las vallas de la Casa Rosada en pleno invierno. Esa presión fue la que desencadenó la medida por lo cual mal puede adjudicarse el descubrimiento a un mérito de la gestión del gobierno.
La discusión ahora se ha centrado en la posibilidad de reflotar el submarino. Es comprensible que la mayoría de los familiares lo exija, como también que el gobierno analice el costo económico de la operación. La jueza y el fiscal, en tanto, sostienen que por ahora no es necesario, que esa maniobra podría incluso romper y alterar elementos probatorios y que, por el momento, las 67 mil imágenes fotográficas y de video recolectados por las cámaras de los submarinos comandados desde el buque Seabed Constuctor alcanzan para llevar a cabo un peritaje por parte de una comisión de expertos.
Un conocido periodista afirmó que al macrismo lo aterroriza la sola posibilidad de que se divulguen imágenes de los cadáveres pues, como bien se sabe, el despliegue mediático es lo que figura al tope de sus preocupaciones.
Lo que cayó muy mal entre los familiares, y no lo ocultaron, fueron algunos gestos del gobierno. El propio presidente grabó un brevísimo mensaje de unos pocos minutos y no se reunió con ellos ni estuvo presente en la conferencia de prensa del ministro de Defensa. Peor todavía, luego de su escueta alocución para la TV, se hizo ver en una fiesta con notorias figuras de la farándula a pesar de que, en su condición de presidente y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, había decretado tres días de duelo nacional por los 44 tripulantes muertos.
Esa falta de sensibilidad no fue pasada por alto por los familiares que recordaron que una sola vez habían sido recibidos por el jefe de gobierno en un breve encuentro y que nunca más pudieron volver a reunirse con él.
Resulta inocultable que el gobierno quiere erradicar cuanto antes este tema de la agenda mediática y para ello cuenta con el siempre dispuesto apoyo del periodismo oficialista. La reunión de G-20 con sus afiebradas medidas de seguridad y el próximo clásico Boca-River por la Libertadores son la excusa perfecta para otra operación de blindaje.
Los que pueden arruinarle la digestión son la jueza que ahora tendrá nuevos elementos para avanzar en su investigación y la comisión bicameral que ya citó al ministro de Defensa. Y, desde luego, los familiares que no descansarán hasta que se establezca la cadena de responsabilidades políticas y penales.