Sucesión de oleadas y cómo esperar el turno

Señor Director:
En una nota periodística, Daniel Filmus, de notoria militancia en el Frente de la Victoria que estuvo en el poder hasta fines de 2015, hace referencia a la idea de que en el proceso histórico se suceden “oleadas”.
Digamos, que a una etapa conservadora sucede una progresista o viceversa.
Filmus no adhiere expresamente a esta visión del proceso histórico. Cuenta haber asistido a un acto en la universidad nacional de Santiago del Estero, en el cual el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, recibía un doctorado honoris causa. Fue García Linera quien, en su exposición, expresó que los procesos de cambio social vienen en oleadas y que, por eso “lo que tenemos que hacer es prepararnos, debatiendo las cosas que hicimos mal en nuestra oleada, en qué fallamos, qué faltó, para cuando se dé la nueva oleada favorable, a fin de que los procesos regionales de cambio puedan ir más allá, mucho más de lo que hicimos en nuestra oleada”.
A lo que adhiere Filmus es a la idea de que ahora, su sector, luego de doce años en el gobierno, debe hacer la crítica de su desempeño para decidir, más que por qué se perdió el gobierno, con qué propuestas ir a las próximas elecciones. Parece pensar que la oleada debe ser provocada y quizás admite que se adelanta o se demora según la calidad del proyecto que se proponga. Enumera, como propuesta propia, diez problemáticas, entre las cuales incluye “la necesidad de impulsar una reforma constitucional que consolide los derechos adquiridos, democratizar las fuerzas de seguridad y el sistema carcelario, y aumentar la vinculación del adelanto científico con el mejoramiento de la innovación, la productividad y la competitividad de la industria nacional. En estos tres puntos, como en los otros siete que menciona, está declarando que el gobierno al que perteneció pudo no haber hecho los análisis y reflexiones suficientes para tener clara idea de que para consolidar sus logros debía poner mayor o menor énfasis en determinadas políticas. Con respecto a una reforma constitucional, que no fue propuesta por el kirchnerismo, su necesidad o conveniencia puede no haber sido advertida o bien se consideró que la reforma de l994 estaba muy próxima o que por el momento había que terminar de instrumentar los nuevos derechos y los demás cambios progresistas establecidos en dicha fecha.
La idea de que hay, en el proceso histórico, una alternancia de oleadas, de derecha o de izquierda, tiene corroboración en la realidad, aunque la duración de una u otra de esas oleadas sea variable en su duración, incluso con períodos más largos de predominio de lo tradicional o conservador, como si la asimilación de los cambios necesitase más tiempo.
La observación del actual acontecer mundial indica con mucha claridad que asistimos ahora a una oleada de derecha, que incluso tiende hacia formas menos democráticas o decididamente autoritarias. Esto se ve y se siente en nuestra región, pues asistimos a la sucesiva caída de los propulsores del Mercosur y la Unasur, pero otro tanto pasa en occidente. En Europa occidental y en los Estados Unidos se nota el crecimiento de los sectores más propicios a retroceder hacia formas de gobierno más excluyentes en lo social. Entre los candidatos para la presidencia estadounidense, las opciones más renovadoras cedieron posiciones en el partido Demócrata, y el candidato republicano Trump incluso logra atraer a un gran sector de trabajadores blancos resentidos con políticas que han desmejorado su situación, al tiempo que de Hillary Clinton se recela su relación con el poder financiero. Luego, si se lee a Chomsky (Noam), constante líder de izquierda, se ve que reconoce el dominio de la derecha, a la vez que avizora posibilidades de reacción que podrían generar una oleada progresista, como se vio con el buen desempeño del precandidato demócrata, el socialista Bernie Sanders.
Atentamente:
Jotavé

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