Suicidio como síntoma de un estado de cosas

Señor Director:
El suicidio propone un tema que genera intriga e inquietud.
He mencionado más de una vez la frase de un escritor sudamericano que se incrustó en mi conciencia. Dice que “cuando la vida es un dolor, el suicidio es un derecho; cuando la vida es una infamia, el suicidio es un deber”. Me impresionó como lo hace todo dicho signado por la elocuencia. He pasado por más de un caso de suicidio de personas de mi aprecio, atribuido a un estado depresivo profundo el primero de ellos, y configurado como una decisión serenamente meditada en otra ocasión por alguien que, llegado a los altos años y afectado por un mal irremediable, aparecía tomando esa determinación como manera de ahorrar sufrimiento a sus seres queridos y a sí mismo. Hubo el suicidio de un político que asumió culpa y castigo por haber tenido intervención en un famoso caso de corrupción con tierras públicas. Todos estos sucesos daban validez a la frase mencionada: dolor o infamia, más por dolor que por infamia. Como que la corrupción y la variedad de las conductas infames son más llevaderas que el dolor propio.
Los casos que más recientemente me han intrigado son los suicidios juveniles. Y ahora ha aparecido una especie de suicidio colectivo, a partir de un inquietante “juego” que se propone a través de las redes sociales. Me refiero a la causal llamada “ballena azul”, que aparece propuesta como un desafío hacia sí mismo, explicación ésta notoriamente insuficiente, porque la muerte por propia decisión se hace viable para unos pocos en el mundo, siendo que la propuesta es lanzada a todo el ámbito humano por el medio de difusión que ofrecen esas redes, ahora en manos y al arbitrio de todos. En estos días se habla del caso de un joven de Entre Ríos, de 17 años, que aparece promoviendo el suicidio colectivo. Al parecer, logró comprometer a una joven mujer de los países vascos (España). Fue desbaratado por la policía de aquel país y a partir de lo que ésta difundió pudo localizarse la fuente en Entre Ríos, donde el muchacho fue detenido, hallándose pruebas de su responsabilidad. Se ignora si había comprometido a más individuos en el vasto mundo de las redes digitales.
La mayor disponibilidad de los jóvenes ha sido explicada por la psicología como un efecto de los procesos de cambio, desde la infancia dependiente hasta la madurez que asume la existencia de una manera equilibrada. La pubertad y la adolescencia son los escenarios de riesgo y éste se acentúa cuando el ser en tránsito entre estados se halla afectado por circunstancias ajenas al momento de desarrollo, las cuales acentúan la situación de desamparo que puede llevar a renunciar a la vida. Las burlas por defectos físicos o timidez u otras circunstancias ajenas a la responsabilidad de quien está construyendo su existencia, son causa de muchos desenlaces trágicos o, sin llegar a tal extremo, de efectos que complican de modo permanente la vida de una persona. Es posible que el acceso irrestricto a las redes de comunicación, fuera del control del ámbito familiar, encuentre multitud de seres disponibles para propuestas como las de “ballena azul”, en un tiempo en el que el control familiar se ha deteriorado como la misma institución familiar sin que aparezcan alternativas eficaces para beneficio del ser en tránsito.
Cuando decimos que el hombre es un ser social estamos transmitiendo un mensaje que no es de fácil interpretación. No se tiene en cuenta que “socializarse” es un acto de autodefensa para el individuo y la especie. El individuo tarda siempre en elaborar las respuestas necesarias para sobrevivir y para medrar. Enfrenta interrogantes sin respuesta y asume papeles de defensa pasiva o activa, pero siempre necesita ser parte de una colectividad y queda condicionado por ésta. Recuérdese las expresiones del existencialismo sartreano: somos “arrojados a la existencia” y ésta es “un salto entre dos nadas”.
Atentamente:
Jotavé