Suprema desprolijidad

A la sucesión de desaciertos políticos y económicos que viene mostrando el gobierno nacional se sumó la semana pasada otro más, sugestivo y torpe: el obsequio otorgado a los jueces de la Suprema Corte de Justicia para viajar gratuitamente en “clase ejecutiva” por la aerolínea de bandera.
La insólita medida llega justo cuando la relación entre las cabezas de esos dos poderes de la Nación se ha estrechado a causa de la apelación que el Ejecutivo Nacional planteó ante la Corte por decisiones desfavorables en instancias inferiores referidas al astronómico tarifazo aplicado en el servicio de gas natural.
Hablar de un acercamiento entre el presidente del país y el del máximo tribunal judicial no es una exageración: fueron varias las reuniones que mantuvieron en medio del pleito judicial, y de ellas no participó la contraparte, es decir, la representación de los usuarios. Las disposiciones que regulan el funcionamiento de la SCJ establecen, desde hace muchos años, que el cuerpo no puede mantener reuniones con una de las partes de un litigio en ausencia de la otra. En este caso resulta evidente que aquella sabia normativa fue desconocida, con lo cual quedó lesionado el principio de equilibrio e imparcialidad que debería aguardarse en estos procedimientos.
Si a esta suprema desprolijidad se le suma el generoso obsequio de Aerolíneas Argentinas a los magistrados, se comprenderá mejor el malestar que ha provocado esta revelación. Tampoco son ajenas al problema las recientes revelaciones sobre los notables aumentos que ha reconocido el gobierno a las empresas petroleras por el precio del gas que producen. Este trato tan dispendioso con las más poderosas compañías del país contrasta con el desmesurado esfuerzo que se le exige a la población, sobre cuyos hombros se descargó un aumento tarifario brutal.
Con la llegada del macrismo al poder, se están agrandando ostensiblemente las distancias entre los sectores privilegiados y el común de las personas. Lo muestra muy claramente este dadivoso tratamiento a los jueces supremos y a la elite petrolera y, como contracara, el azote impiadoso a las economías hogareñas.

Más controles
El anuncio de las medidas destinadas a regular el tránsito en la avenida que une Santa Rosa y Toay seguramente ha traído alivio a quienes usan regularmente esa arteria. Se trata del tramo vial más transitado de la provincia y desde diversas áreas (esta columna incluida) se venía señalando los riesgos potenciales y efectivos que asumen quienes circulan por ella.
La condición interurbana que ha adquirido ese tramo de la ruta nacional 5, con frecuencia es absolutamente ignorada por muchos de quienes lo transitan a muy altas velocidades, en ocasiones superando los cien kilómetros horarios. Esas peligrosas muestras de inconsciencia han provocado innumerables accidentes, muchos de ellos con consecuencias fatales para sus protagonistas. Por tal motivo la instalación de radares será de gran utilidad para reducir esas violentas conductas de tantos automovilistas que manejan con desprecio por la integridad de sus semejantes. La anunciada construcción de un sendero para ciclistas será un buen complemento para elevar los niveles de seguridad en la avenida Perón.
Desde hace tiempo se ha hecho notar que estas vías que atraviesan zonas densamente pobladas, como la que motiva este artículo o la avenida de circunvalación santarroseña, son escenario de transgresiones constantes y muy peligrosas por parte de automovilistas, motociclistas y conductores de camiones y ómnibus. De ahí que la anunciada instalación de radares, semáforos y un plan de vigilancia más estricto y constante sean aguardados con expectativas por quienes esperan que se reduzcan los accidentes de tránsito y mejoren los índices de seguridad vial en nuestra ciudad.

Compartir