Sutil ataque a la escuela pública

Por evolución natural, por influencias propias o ajenas es innegable que las sociedades han estado, y están, en constante cambio a lo largo de la historia. A veces esos cambios son positivos y otras no tanto; en ocasiones grandes y en otras pequeños aunque casi siempre significativos. Podría decirse que la escuela pública en la Argentina está viviendo uno de estos últimos.
La referencia no alude -aunque podría hacerlo- a las últimas avanzadas del gobierno contra la paritaria docente, que han llegado a desatar una campaña insólita por las redes sociales, (incluso con intervención de servicios de inteligencia ligados a la última dictadura). Esta introducción apunta a algo mucho menos perceptible como lo es la desaparición paulatina del ideario popular del símbolo que fuera orgullo y distinción del país: el guardapolvo blanco de los escolares.
La mayoría de los medios de comunicación, a través de la publicidad, intencionalmente o no, intervienen en esta campaña que parece apuntar a la paulatina desaparición o menoscabo de esa indumentaria, tan tradicional y representativa del sistema educativo argentino. Es posible que el lector haya advertido que, desde tiempo atrás, muchas de las propagandas en la que figuran niños en actitud de ir a la escuela no incluyen el guardapolvo; muestran sí y en forma evidente, la concurrencia a establecimientos de enseñanza particular a los que llegan impecablemente vestidos y en autos relucientes manejados por mamás felices.
Sin necesidad de mucha perspicacia se advierte en esas publicidades -con alumnos sin guardapolvos que reciben educación privada- una suerte de mensaje destinado a las grandes audiencias que puede interpretarse así: la escuela pública es una antigualla populista que no merece promoción ni consideración oficial y, lo mismo que sus símbolos, debe ocupar un lugar subalterno.
Frente a esta ofensiva contra la educación popular (recuérdese el intento de arancelar la universidad pública, las rebajas presupuestarias al Conicet, el cuestionamiento a los extranjeros que estudian aquí) se hace imprescindible tener presente que la educación argentina, y muy especialmente su escuela pública, motivaron la admiración y el respeto más allá de nuestras fronteras y constituyeron la base de la movilidad social de este país, circunstancia que le permitió sobresalir en el mundo en muchos aspectos relacionados con la ciencia y la cultura. En el fondo de ese sistema y en la memoria de quienes lo transitaron, está el recuerdo de aquella prenda blanca que esencialmente nos igualaba a todos.
La comunicación de masas por parte de quienes detentan el poder ha demostrado ser muy sutil y efectiva, capaz de llevar caracteres y mentalidades conservadoras a muy altos cargos, valiéndose e interactuando con la psicología popular, los simbolismos y, claro, también la mentira.
La escuela pública siempre fue un objetivo a combatir por parte de los estratos más retrógrados, aquí y en toda América Latina. No parece aventurado afirmar que ahora quieran ir contra su mayor y más efectivo símbolo: el guardapolvo blanco.