¿También se perdió el derecho a comer?

El reciente pedido para que el gobierno declare la emergencia alimentaria nacional no salió de una asamblea de partidos de izquierda o de los movimientos piqueteros sino de un encuentro de ministros de Desarrollo Social de seis provincias argentinas, La Pampa entre ellas.
Los titulares de las carteras provinciales responsables de atender la demanda de los sectores más vulnerables en esos seis Estados fueron categóricos a la hora de exponer sus razones. Sin rodeos ni eufemismos reclamaron “políticas sociales más federales e inclusivas”, alertaron sobra le “pérdida de la seguridad alimentaria” y reclamaron que se declare la “emergencia” para garantizar “la protección y subsistencia de millones de familias vulnerables”. El angustiante pedido tuvo lugar porque, lisa y llanamente, la mayoría de las provincias está siendo desbordada por la crisis económica y su inmediato reflejo en las demandas de una franja cada vez más ancha de la población.
La debacle que ha generado el rumbo económico impreso por el macrismo está sumiendo al grueso de los argentinos en una situación extremadamente difícil. Algunas de las últimas noticias son por demás elocuentes. Las nuevas listas de precios muestran un crecimiento del 15 por ciento en promedio de los alimentos básicos de la canasta familiar y las perspectivas no son tranquilizadoras pues se espera en las próximas semanas una aceleración de este proceso inflacionario producto del traslado a precios de la reciente y pronunciada devaluación del peso frente al dólar.
En un encuentro realizado en Eduardo Castex por el Colegio de Asistentes Sociales, la presidenta de la entidad trazó un panorama muy sombrío del panorama local y nacional. Habló de un avance de la pobreza y del retiro del Estado de sus responsabilidades en un momento en que se marcha hacia un escenario de “extrema desigualdad”.
En General Pico, las responsables de un comedor comunitario informaron de un abrupto incremento en la cantidad de niños que asisten para alimentarse. En muy poco tiempo se triplicó la asistencia a ese emprendimiento que se armó en forma voluntaria en una casa de barrio. En Santa Rosa, en tanto, el intendente municipal admitió que desde la asunción de Cambiemos -espacio al que pertenece- no paró de aumentar la pobreza y habló de “supermercados vacíos” porque “la gente no tiene plata”.
Estos pocos ejemplos, que fueron noticia en las últimas horas, alcanzan para mostrar que aún en una provincia que no está endeudada y que tiene sus cuentas oficiales ordenadas -como tradicionalmente ocurrió en La Pampa- la crisis está golpeando muy fuerte. También debe decirse que la baja densidad demográfica contribuye a afrontar la tormenta en mejores condiciones con relación a aquellas jurisdicciones mucho más pobladas.
Pero así y todo, con las particularidades que tiene cada región, esta severa crisis autoinflingida por el macrismo llega a cada rincón del país afectando a un número creciente de personas. Eso es, precisamente, lo que acaban de señalarle a la Casa Rosada los ministros de las seis provincias con el pedido de emergencia alimentaria. La ironía es insultante en un país que produce y exporta alimentos a todo el mundo.