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Tarde de perros

La fotografía de los operarios municipales soltando perros en la vía pública causó sorpresa y malestar. Es que con ese acto la municipalidad aparece violando la ordenanza sancionada en 2006 que establece claras obligaciones tanto para quienes poseen animales como para la propia comuna.
Una ordenanza no es de acatamiento voluntario, es una normativa sancionada por el Concejo Deliberante que todos están obligados a cumplir, y en este caso es muy clara: la circulación de animales sin dueño en la vía pública está prohibida, y en tal caso el Estado municipal debe capturarlos, ubicarlos en un predio con condiciones adecuadas, alimentarlos, esterilizarlos, desparasitarlos y vacunarlos, para luego entregarlos en adopción. Este es el procedimiento obligatorio que establece la “ley municipal” para nuestra ciudad.
Nadie desconoce que el de los perros callejeros en una problemática compleja y que hay una buena porción de vecinos que hacen poco y nada por mejorar las cosas. Pero la ordenanza no se sancionó ayer sino hace 13 años. También es cierto que desde hace cierto tiempo -comenzó con la administración anterior- se lleva a cabo una tarea continua de castración de perros y gatos con la activa participación de voluntarios de una ONG local que emplea un quirófano móvil y recorre todos los barrios.
Pero resulta evidente que no alcanza y que es necesaria una tarea más intensa que involucre además la concientización de la población y, por qué no, la aplicación de penalidades a quienes se desentienden de la responsabilidad social que implica criar animales en el área urbana y brindarles condiciones sanitarias y de seguridad adecuadas. La cantidad de perros que vagan por la ciudad, algunos con visibles problemas de salud, es la mejor prueba de este déficit municipal.
Este acto de volver a arrojar los perros a la vía pública es una confesión del fracaso de la comuna, que parece más interesada en terciar en una polémica entre vecinos sobre las diversas aristas del problema que en proceder de acuerdo a lo que se espera del Estado: cumplir con lo que establece la normativa aprobada hace más de una década.

Trimestre negro
Un informe económico realizado en La Pampa tuvo la virtud de poner de relieve un aspecto poco divulgado en los grandes medios porteños y en los discursos oficialistas: la aceleración del deterioro de las variables económicas en el cuarto trimestre del año pasado. Esa información fue retaceada por el periodismo adicto y los economistas ortodoxos en sus incursiones televisivas porque marca una profundización de la tendencia negativa de casi todos los indicadores económicos en los tres últimos meses del año pasado que buscaron ser “disfrazados” por los promedios del segundo semestre. Solo los centros de estudios no oficialistas lo destacaron pero no tuvieron gran divulgación en tiempos de blindaje mediático.
El trabajo elaborado por la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la UNLPam. y el Centro de Estudios Pampeanos que publicó ayer este diario tiene el mérito de ofrecer, desde este punto del interior argentino, un nuevo aporte en favor de ese develamiento como también poner de manifiesto la fuerte incidencia negativa en la economía pampeana del descalabro nacional.
El informe destaca que solo dos indicadores se salvaron del derrumbe: las exportaciones y la cosecha fina, que no alcanzaron por sí solos para generar un “efecto derrame” ante un cuadro general calamitoso con caída del PBI, el salario, la ocupación, el consumo, la construcción, la venta de gasoil, la inversión…
La “tormenta” que hoy sufre el país no es culpa del clima sino del rumbo económico que impuso el macrismo con su dogma neoliberal. Ningún otro resultado es posible con ese recetario que los argentinos probamos por tercera vez luego de haberlo padecido en los años setenta y noventa del siglo pasado.