Temer inicia un juego que puede serle muy peligroso

DOMINICALES

Al momento de cerrar esta columna de opinión, Brasil afrontaba un momento inquietante, por el riesgo institucional, que se ha estado acrecentando, y por el demoledor efecto económico y social.

La crisis ha vuelto a golpear su economía (y a la Argentina, por la estrecha relación existente) y ha sacado mucha gente a la calle de todas las ciudades, mayoritariamente para pedir la salida de Temer de la presidencia y, en proporción que ha crecido, para reclamar elecciones directas ya.

El golpe que sacó de la presidencia a Dilma Rousseff fue celebrado como triunfo propio por la cadena Globo, la mayor concentración de poder comunicacional de Brasil. Ahora es también este medio, representativo del llamado establishment (poder económico y político, concentrado principalmente en San Pablo), el que ha desatado el reclamo de renuncia de Temer. Lo no calculado por este medio y por lo que representa, fue que la conmoción que provocó la salida de Rousseff determinó que volviera al primer plano la figura de Lula da Silva, a quien las encuestas ubican como ganador de una elección presidencial, con un apoyo electoral del 30 por ciento. Ante esta casi certidumbre, quienes voltearon a Rousseff advirtieron que el elegido para reemplazarla y para poner en marcha una economía neoliberal, M. Temer, caía perpendicularmente en la opinión, hasta quedar reducido a un 9 por ciento de apoyo. Es posible que hoy el apoyo sea menor, por cuyo motivo Temer ha sacado la policía a la calle. También acudió a las fuerzas armadas. Esta última medida implica un riesgo institucional en nuestra región, pues el poder militar puede volver a pensarse como la “solución”. Temer dio una rápida marcha atrás ante la reacción de sus ex aliados.

Por ahora Temer se sostiene porque, si bien han renunciado varios de sus ministros, los del partido socialdemócrata permanecen (salvo uno, porque su conductor no ve claro el panorama o quiere hacer patente su liderato. O porque, por experiencia política, piensa que la elección de 2018 puede perderse. El fantasma Lula.

Manchester.

Si bien los atentados terroristas han perdido parte de su capacidad de promover la reacción de los agredidos, todavía tienen efecto suficiente. El terrorismo árabe (el Estado Islámico se atribuye este golpe) ha dejado de lado la tradición que buscaba vengar algo y prefería eliminar a un personaje destacado del poder. Ahora el terrorismo ataca al pueblo de donde siente que viene lo que se opone a sus propios designios. Busca provocar una forma de temor que, si se extiende, pueda socavar el poder de la nación
enemiga. En el caso de los jihadistas (EI) lo que tienen en cuenta es que fueron las naciones de Europa las que llevaron la colonización y la guerra a sus países y siguen siendo las que apoyan a una u otra de las fuerzas enfrentadas en las ex colonias. Son los aviones y los buques de las naciones de Europa y del norte americano, más las rusas y turcas, las que los atacan con bombas o misiles, que también matan y destruyen indiscriminadamente. A la vez son esas potencias las que venden las armas que intervienen en los conflictos de medio oriente y el norte de África. El presidente Trump viene de acordar con Arabia Saudita un rearme por 300 mil millones de dólares. Si bien sigue rondando el riesgo de una guerra nuclear, la forma actual de la guerra incluye las acciones terroristas y cada vez hay menor capacidad de control sobre el poder de destrucción acumulado.

Ecuador.

Esta semana se produjo la transferencia del poder presidencial en Ecuador. Rafael Correa Delgado, que estuvo doce años en la presidencia, cedió su sitial al electo Lenin Moreno y fue aclamado en la ceremonia de transferencia, donde pudo levantar el brazo de su sucesor, de su mismo partido. Luego abandonó el lugar porque asistió aunque estaba afectado de neumonía. También estuvo presente en el acto, entre otros presidentes de la región, el argentino Macri, quien no pudo permanecer en el lugar durante toda la ceremonia, afectado por la altura de Quito (3000 metros). Anticipó su retorno a Buenos Aires.

Lenin Moreno tendrá a su cargo la tarea de gobernar con una mayoría de congresistas que no es ya de dos tercios y con una oposición enconada por haber perdido su oportunidad por la vía electoral. Al mismo tiempo, ya no tiene el acompañamiento regional que fortaleció a Correa, porque Brasil y Argentina tienen gobiernos de otro signo y Venezuela pasa por una dura peripecia, de difícil pronóstico. Por eso, de su discurso sobresalió lo que dijo sobre que quiere gobernar para todos.

Jotavé