Tensa relación gobierno-Iglesia

Cualquier dirigente de cierta experiencia sabe que al planificar su acción debe tener muy en cuenta el balance que resulta de las relaciones de fuerzas con los otros jugadores que participan de la política en su más amplia acepción. De allí que no deja de sorprender, desde la perspectiva que dan sus tres años de gestión, la actitud del gobierno nacional para con uno de aquellos espacios, la Iglesia Católica.
Se comparta o no el pensamiento religioso no hay dudas de que el tratamiento con esa institución debe ser objeto de una cuidadosa estrategia, tanto por la cantidad de fieles que reúne como por su reconocida capacidad movilizadora. Sin embargo el macrismo, desde los mismos inicios de su gobierno, parece haber tenido una política de marcar diferencias con los sectores más agiornados del catolicismo, especialmente en lo que respecta a sus enfoques sociales, No ha tenido, en cambio, la mismas actitudes confrontativas con los sectores eclesiásticos más conservadores.
Ni siquiera el hecho de la presencia de un argentino en el sillón de Pedro ha motivado un cambio de mirada. Para sorpresa de casi todos los analistas hubo desde el comienzo del actual gobierno una evidente antipatía entre los líderes de ambas partes, puesta de manifiesto hasta en las imágenes divulgadas de las entrevistas. Al macrismo, desde sus mismos comienzos en el gobierno, pareció molestarle la sensibilidad social de Francisco y no lo ocultó demasiado. En este escenario no es desdeñable, aunque sí sugestivo, el desarrollo que han tenido en los últimos años las llamada “iglesias evangélicas”, instituciones decididamente conservadoras cuya presencia creciente en América Latina es alentada desde Estados Unidos.
Desde el gobierno no se han evitado, incluso, ciertas acciones belicosas, algunas de las cuales de muy tosca factura como las furiosas intervenciones de los “trolls” oficialistas en las redes sociales castigando la figura papal.
Todo indica que esa desconcertante jugada política tuvo su respuesta en el viaje de Bergoglio a Chile, desdeñando una visita al país. Luego llegó la renovación de la Asamblea Espiscopal, con manifiesto ascenso del sector progresista y una cada vez mayor trascendencia de los “curas en opción por los pobres”, que no ocultan sus señalamientos al gobierno por las consecuencias de las políticas neoliberales.
En la última de sus asambleas el presidente del Episcopado avaló expresiones muy críticas como la que advierte que el país está viviendo “en medio de una crisis social y económica que golpea a todo el pueblo argentino, y que va resintiendo la confianza en la dirigencia política, aumentando el mal humor social, el enojo y la intolerancia que hace muy crispada la convivencia.”
Dentro de las formas cuidadosas y diplomáticas que suelen tener las opiniones de la Iglesia el mensaje fue claro y directo. Además de que fue enviado en un momento en que el gobierno, abrumado por su fracaso económico -y por lo tanto también político y social- redobla la apuesta con un ajuste que golpea muy fuerte a los sectores medios y bajos de la sociedad.