Terminó el sainete

Con la decisión del gobernador de enviar a la Cámara de Diputados el pliego de María Alejandra Mac Allister llegará por primera vez a la presidencia del Tribunal de Cuentas una mujer y, a la vez, un representante de una fuerza de la oposición. No es poca cosa en una provincia en donde ese cargo no siempre estuvo ocupado por funcionarios desvelados por cumplir rigurosamente con tan delicada e importante función.
Sin embargo también es cierto que el proceso que ahora culmina con esta designación -la relación de fuerzas políticas en la Legislatura permite descontar un desenlace feliz para la seleccionada- estuvo repleto de obstáculos y fue altamente contaminado por los avatares que hoy sacuden a la principal coalición opositora. Pero tampoco ayudó en esta contingencia el complicado mecanismo que establece la Constitución provincial para elegir al presidente de tan importante organismo de control de la administración pública.
Es esperable que el sainete que tuvieron que presenciar los pampeanos haya advertido a la clase política sobre la necesidad de modificar la ley suprema provincial para simplificar y tornar más transparentes y expeditivos los procedimientos destinados a elegir cargos tan relevantes como el que ahora se apresta a ocupar la hermana del secretario de Deportes de la Nación, quien había resultado ganadora en el concurso realizado para cubrir la vacante.
Desde hace bastante tiempo nuestra provincia viene apareciendo en los últimos lugares -entre sus pares de todo el país- en el ranking de transparencia de la administración pública que confecciona uno de los organismos que investiga estos parámetros claves para la calidad institucional. La Pampa registra antecedentes nada auspiciosos en materia de desempeño de los organismos de control, de ahí que extremar este aspecto esencial del funcionamiento de la estructura gubernamental debería figurar entre las prioridades tanto del oficialismo como de la oposición.

Más desigualdad
El crecimiento de la desigualdad social en Argentina no es solo una “sensación” provocada por las medidas económicas de un gobierno que representa como ningún otro a la derecha empresarial. Se acaban de conocer estadísticas que confirman lo que todo el mundo observa a simple vista. Los últimos datos divulgados por el Indec informan que el diez por ciento más rico de los argentinos aumentó su riqueza y el diez por ciento más pobre, su pobreza.
Entre el segundo trimestre del año pasado e igual período de éste, el decil más rico pasó de percibir el 29,7 al 31,3 por ciento del ingreso nacional, mientras el decil más pobre, en lugar de subir bajó del 1,8 al 1,7 por ciento.
Los que se niegan a analizar ideológicamente los procesos políticos -entre ellos muchos dirigentes oportunistas que se dicen opositores- esta vez no podrán fugarse de la realidad con frases demagógicas muy eficaces para la televisión oficialista pero sin sustento sólido. Estos números, y tantos otros que miden el incremento de la pobreza, los despidos, las fábricas que cierran, la caída del consumo popular, de la producción industrial, etc., hablan con absoluta claridad de la orientación política del macrismo.
Hasta el año pasado, la tendencia general -con oscilaciones variables en el tiempo- mostraba un aumento de la equidad social, es decir, una disminución de las diferencias que separan a los ricos de los pobres. Ahora ese proceso se interrumpió y se invirtió al compás de la política económica de los CEOs del macrismo. Esta es, precisamente, una de las principales causas de los furiosos ataques al kirchnerismo por parte del actual gobierno y los grandes medios aliados. No le van a perdonar nunca esa “pesada herencia” que dejó: un país más equitativo. Por eso ponen tanto empeño en volver a marcar las diferencias.

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