Tormentos a periodista

Ahora le tocó a un periodista alemán sufrir la violencia de las fuerzas de seguridad. Mientras se encontraba fotografiando derrames petroleros que no cumplían con las exigencias ambientales en el yacimiento de Vaca Muerta, el hombre de prensa fue detenido y sometido a un trato brutal por parte de la policía de Neuquén.
No puede dejar de repudiarse la connivencia entre la vigilancia privada del yacimiento y la policía neuquina -a la que fue entregado- que lo sometió a tormentos durante su detención. Entre los apremios figuró la amenaza de aplicarle una tortura aún más intensa que los fuertes golpes que ya había recibido y el secuestro de sus elementos de trabajo que no fueron devueltos hasta varios días después de su encierro. Para completar este cuadro ominoso un policía le espetó que él “odiaba a los alemanes”.
El calvario del reportero, que portaba sus credenciales, duró varias horas y no mereció hasta ahora por parte de los gobiernos neuquino y nacional otra manifestación que el formal “se está investigando”, lo que no es otra cosa que un apoyo implícito al accionar de la patota policial neuquina.
Este gravísimo incidente no debe leerse como un hecho aislado; se inscribe en la escalada represiva que viene alentando el gobierno nacional, y varios provinciales, y que justifica la violencia institucional extrema, incluso cuando ha sobrepasado el límite del homicidio como algunos casos emblemáticos lo pueden atestiguar.
La víctima del atropello (que mereció la intervención de la embajada alemana) fue muy contundente cuando debió explicar por qué avaló las actas en la comisaría neuquina. “Firmé -dijo- para salir del lugar al instante y para no meterme en más problemas. Ya había aprendido la lección de que no era el ambiente para reclamar mis derechos”. Peor imposible.