Tránsito: muchas tareas pendientes

Una mirada prudente sobre el tránsito santarroseño no puede ser menos que alarmante: son muchas las causas, la mayoría de índole negativa, que han transformado la circulación de vehículos por la ciudad en una tarea riesgosa. La principal de ellas está en el fenomenal aumento del número de vehículos -automóviles y motocicletas, aunque sin desdeñar la bicicletas- que transitan diariamente por las calles santarroseñas en condiciones francamente peligrosas, y esta afirmación puede contabilizarse en heridos y muertos durante los últimos meses.
Junto con la ola publicitaria que estimula el deseo del “coche propio” y que provocó un descomunal incremento en la cantidad de automotores (debe tenerse en cuenta que los usados vuelven a entrar a las calles a través del circuito de la reventa, generalmente en condiciones inferiores por su antigüedad) no hubo una acción paralela que apuntara a una mayor toma de conciencia por parte de los conductores, a la refirmación de las normas circulatorias y al establecimiento de otras si hicieran falta, y por cierto que lo hacen.
A tal extremo han llegado las cosas que hoy en día puede advertirse, en las horas pico de tránsito y en algunas de las calles con semáforos, no siempre debidamente coordinados, que las largas colas que se forman frente a la luz roja llegan a obstruir simultáneamente las calles laterales provocando un fenómeno que era impensado en la Santa Rosa de una década atrás: embotellamientos.
Otro aspecto negativo lo constituye la circulación fuera de horario de los vehículos comerciales -camiones de reparto- que ante la imposibilidad de encontrar lugar para estacionar lo hacen en doble fila, reduciendo el paso y tornando más peligrosas calles y avenidas. Lo peor es que estas contravenciones se registran con mayor frecuencia justo cuando comienza el pico de circulación automotor y termina contagiando a muchos automovilistas que, enfrentados a la misma situación, optan por idéntica “solución” multiplicando el problema, el que creen resolver dejando el vehículo con las balizas encendidas.
Consecuentemente con esta falta de conciencia que campea en las calles de la capital provincial, la velocidad del tránsito ciudadano -30 ó 40 kilómetros por hora- ha dejado de existir a partir de la acción irresponsable de tantos conductores absolutamente indiferentes del peligro al que exponen a sus vecinos. Las bruscas aceleraciones de los imprudentes que se apuran para llegar a cruzar un semáforo en verde es uno de los ejemplos más observados. Estos casos toman ribetes estremecedores en la avenida de circunvalación, en donde para colmo abunda el tránsito pesado.
Estas y otras circunstancias de riesgo, se verían muy disminuidas si el municipio comienza a implementar -tal como lo anunció el nuevo intendente- una política más efectiva de controles, que brillaron por su ausencia durante la pasada administración. En este terreno de las acciones municipales, aun reconociendo un cierto avance en cuanto al uso del casco por parte de los motociclistas, queda mucho por hacer. La tarea no es sencilla pero el ejemplo de otras ciudades del país evidencia que, además de necesaria, es posible.