Trastornos que genera la ciudad que crece

Señor Director:
En las últimas semanas Santa Rosa ha sido el tema.
Los motivos no son halagüeños, para nada. Predomina la crisis de las cloacas y su exteriorización tan ingrata como amenazadora.
También en estos días se habla de lo pampeano, de pampeanidad, dando sustancialidad a lo que sería el interés territorial. Hace unos años el Rotary Club local propuso “Pensar La Pampa”. Si bien me constaba que para entonces había habido y había quienes pensaban La Pampa me adherí a la propuesta por entender que esa entidad incluye a sectores sociales que no siempre han estado abiertos a esta temática. Me apresuro a recordar que no pocas de las propuestas que invitaban a “ir al oeste” se canalizaron a través de centros rotarios, ya desde la época territorial. No es el único camino para pensar La Pampa, pero el oeste, desde las entradas del Atuel y del Salado, hasta el Colorado, es un sector que entró con demora en las incitaciones para pensar.
Ahora se trata de pensar Santa Rosa. Se trata de pensar y de hacer pensar. El problema de esta ciudad capital tiene que ver con el proceso de urbanización, que es universal. Los relatos y las imágenes que nos llegan desde China permiten ver cómo ese pueblo-mundo afronta y, al menos en apariencia, resuelve el crecimiento veloz de sus múltiples ciudades. Sin duda que hay mucho que aprender allí, incluso de lo que no se exhibe, porque estimo que la adaptación de las personas a estos cambios debe tener más de un momento traumático. Y que los errores se pagan muy caros.
El primer dato que tenemos para pensar Santa Rosa es el crecimiento urbano y la subsiguiente comprobación de que el trazado urbano no ha podido dar respuesta al crecimiento exponencial del número de vehículos y de su movimiento. Salvo la creación de lugares pagos para el estacionamiento y algunos esbozos de bicisendas, no ha habido respuestas proporcionales al desafío.
Un segundo dato, para mi apreciación (que no es la de un experto en urbanismo) es la relación con Toay. La picaresca tradición sobre cómo se definió la capitalidad a favor de Santa Rosa define en todo caso el momento en que se produjo ese episodio y de cómo la influencia política, el juego de intereses inmobiliarios y la astucia de algún personaje alejaron de la solución más racional. “El Toay” era un paraje con personalidad definida desde el poblamiento indígena, como lo fue el Valle Argentino. El hecho que ahora afrontamos es que ambos vecindarios son ya el mismo por la continuidad física que ha surgido y que se desarrolla vigorosamente. De haber sido operante desde el inicio, pudo determinar otro trazado del departamento Capital y la consecuente ubicación de los centros de gobierno, que son motivadores de una parte significativa del movimiento vehicular (y del crecimiento de las estrellas amarillas). Lo que se demora y quizás se está discutiendo mal, por faltar una mirada abarcadora, son las consecuencias de esta integración física. Si discutimos sobre arboricidio nos estamos distanciando del problema, pues de lo que se trata es de multiplicar las vías integradoras. Se habla de una nueva calle equivalente a la tradicional (la Perón) y parece omitirse que Toay y Santa Rosa se comunican por más lugares. Por ejemplo, por la prolongación de la Tita Merello, que permitiría otro acceso con efecto aliviador. Me ha quedado grabado lo de “comité de cuenca”, aplicable al Colorado y al Salado, para pensar que tal vez Toay y Santa Rosa deben pensar juntos el problema que los afecta, con un comité o comisión. Siguen siendo dos municipios, pero son una misma urbe. Repiten en pequeño el tema de la CABA.
Hay otros datos que tienen significación para mí. Veía las fotos de los niños y de la celebración de su día en la laguna y sentía un temblor porque ese cuenco está siempre expuesto, como todos los espacios abiertos. Está ahí el espacio parquizado de lo que fuera el Tiro Federal. ¿Se lo preservará?
Atentamente:
Jotavé