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Tu ruta no es mi ruta

El informe que brindó un representante de la Asociación de Profesionales y Personal Superior de Vialidad Nacional fue lapidario. Las rutas nacionales que atraviesan la provincia de La Pampa están en un estado tan calamitoso que el cuadro general que presentan está entre los peores «de la historia» o, al menos, «de los últimos veinte años», según la evaluación del dirigente.
No es esta una furiosa crítica de campaña de algún opositor enojado, o un párrafo de un encontronazo televisivo, sino la fría evaluación de una entidad que conoce como nadie lo que se hace y se deja de hacer en el organismo vial del Estado nacional.
Los números con los cuales se respalda esta evaluación son categóricos y no dejan margen de dudas. Hasta 2015 se licitaban, en promedio, 168 obras viales por año; desde 2016 apenas 31. Hasta 2015 había unas 600 obras en ejecución por año; esa cifra se redujo a 200. Peor todavía: apenas de construyeron 90 kilómetros de autopistas de los 2.800 prometidos.
Hay muchos otros datos estadísticos tan decepcionantes como estos y que fueron publicados en la edición de la víspera de LA ARENA. Todos ellos, sin excepción, ofrecen un panorama muy contundente de lo (no) realizado por Cambiemos. Si cabe medir la capacidad de gestión de un organismo por sus resultados es más que evidente que, en términos educativos, Vialidad Nacional ha sido reprobada.
Los santarroseños y anguilenses todavía están esperando la autopista prometida, de la cual ni siquiera se iniciaron las obras. Los oesteños siguen siendo testigos -y muchas veces víctimas- de los terribles y frecuentes accidentes fatales ocasionados por el desastroso estado de la ruta nacional 152. Encima el gobierno nacional le pidió a su par pampeano que asuma por su cuenta la reparación de esa carretera porque -alegó en el colmo de la insolencia- La Pampa tiene recursos económicos y Nación no.
Hay obras ya licitadas y adjudicadas de reparación de rutas nacionales estratégicas, tanto para nuestra provincia como para toda la región central del país, como la 35 y la 188 que han sido abandonadas a su suerte. Las empresas que ganaron las adjudicaciones están despidiendo al personal contratado. Lo mismo ocurre con otras obras de jurisdicción nacional ya iniciadas en nuestra ciudad. Es tan grave el panorama que desde el gremio de la construcción y la cámara que nuclea a las empresas se han elevado voces de alarma por las duras consecuencias económicas y laborales que genera este estado de cosas.
Resulta harto difícil encontrar otro gobierno que haya abusado tanto de las promesas y se haya desentendido de ellas con la impavidez que ha mostrado el macrismo. Es todo un desafío hallar una gestión que siquiera se aproxime a tamaño nivel de cinismo.
El hartazgo que está ganando a cada vez más argentinos y que se viene manifestando con claridad en las urnas provinciales, tiene que ver también -además de los resultados calamitosos de las políticas económicas- con esta forma tan insensible de gobernar que registra, como se dijo, muy pocos o ningún antecedente en la historia de los gobiernos surgidos de la voluntad ciudadana.