Un aniversario con nuevas acechanzas

LA SEMANA PAMPEANA

I – La Arena cumple hoy 83 años de vida periodística que, como corresponde a todo diario argentino que ha atravesado este tormentoso período histórico intentando ser fiel a su espíritu, no fueron ni pudieron ser, como suele decirse, “ininterrumpidos”. Fueron 83 años de vida periodística “interrumpidos” más frecuentemente cuando la violencia, la intolerancia, o el afán de controlar a los medios alteró la intención de sus periodistas y los obligó a hacer silencio. En ocasiones La Arena se vio obligada a no aparecer porque un militar en el poder decretaba la suspensión de su tiraje, enojado el militar, o el poder al que representaba, por lo que aquí se informaba y, sobre todo, por lo que se opinaba. Esta prepotencia de evitar el trabajo de prensa por decreto tuvo vías más expeditas y violentas (en el sentido más estricto del término) cuando esa función periodística intentó silenciarse por la vía de los hechos con bombas, tiros, voladuras de nuestro edificio, encarcelamiento de sus directivos y periodistas.

II – Desde hace años, la Argentina ha entrado en un período de su historia en el que los medios y sus periodistas pueden desarrollar su actividad sin estos peligros y acechanzas que antaño obstruían su labor. Es, podría creerse, algo así como el paraíso deseado del periodismo argentino acosado siempre por la intolerancia y la prepotencia de los gobiernos. Pero no es así. Desde hace unos años el periodismo (sobre todo del interior) enfrenta un ataque igualmente coercitivo aunque no tan visible como las bombas y la cárcel que hace peligrar su continuidad. Hoy el peligro que acecha a los medios es la competencia desleal de un enjambre de medios que difunde noticias sin contratar periodistas. Las noticias que saturan hoy el espacio radial y el ciberespacio son producidas en su mayoría sin trabajo periodístico genuino por medios que parasitan o plagian a los diarios o contratan personal para que trabajen como periodistas pero le niegan sus derechos laborales ante la indiferencia y la complicidad de los gremios de prensa y de los organismos públicos provinciales y nacionales encargados de verificar el cumplimiento de las leyes laborales.

III – Esta competencia desleal que plagia la producción de los diarios y “socializa” el trabajo de las empresas periodísticas, es un gran negocio. Se compite con un diario que tiene 25, 30 ó más periodistas, con una sola persona que trabaja en negro y sin horario fijo que solo debe leer y copiar poniendo así a disposición de los lectores a través de la web un contenido idéntico, copiado de los diarios o de los organismos oficiales de prensa.
Esta ilegal forma de hacer noticias incumple leyes laborales, de propiedad intelectual pero además incumple al propio Estatuto del Periodista que veda expresamente a los medios locales tomar como fuente de información a otros medios o agencias de la misma localidad para que cada medio contrate periodistas para hacer esa tarea y se extienda el trabajo.
A diferencia de la Uocra, que paraliza obras si los obreros no están bajo convenio, o de los mercantiles que hacen piquetes por el mismo motivo, o los camioneros que son celosos custodios de esos derechos, los sindicatos de prensa no hacen nada contra esas empresas que violan el convenio, contratan en negro o plagian. Con su silencio y pasividad convalidan la violación de los convenios y contribuyen a achicar el mercado laboral de sus afiliados.
El Estado, por su parte, que es capaz de cerrar un pequeño puesto de comidas porque un lavacopas está en negro, nada hace para controlar la violación de las leyes laborales del periodismo y, además, hace la vista gorda con la prohibición de contratar empresas que incumplan las leyes laborales de sus empleados cuando contrata publicidad con medios que hacen “periodismo” sin periodistas.
La Universidad que, año tras año, lanza a un mercado laboral negrero a decenas de periodistas, consciente de su impotencia, en vez de exigir el cumplimiento de las leyes, decidió cambiar la orientación de la carrera hacia lo “institucional”, -un área del periodismo que no es, hablando propiamente, periodismo-, para que sus egresados, que no tienen trabajo en los medios, lo tengan por lo menos en el Estado.

IV – En este panorama, la supervivencia de los diarios no es una cuestión de tecnología o de si el papel va a ser reemplazado por las pantallas. El peligro que enfrentan los diarios es que se les exigen el cumplimiento de onerosos contratos laborales con periodistas mientras se libera al resto de los que hacen su mismo trabajo de esas obligaciones. Los diarios están en condiciones de dar batalla a la inmediatez de la web como antes la dieron a la de la radio o la TV porque ofrecen a sus lectores, mucho más que solo hechos espectaculares ordenados de acuerdo a la hora y el morbo de la audiencia. Los diarios, como los libros, son portadores de una propuesta que apunta al lector como ciudadano dispuesto a ejercer su derecho de estar informado. Llevan una propuesta de entendimiento de la realidad, de ordenamiento de la realidad, una invitación a pensar y a entender la realidad cotidiana como parte del proceso social, colectivo y también personal, de construcción de la historia presente. (LVS)

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