Un cambio sorprendente

Ultimamente abundan las noticias que dan cuenta de un fenómeno impensado hasta hace muy poco tiempo. Se trata del creciente interés que muestran viñateros y bodegueros mendocinos por radicarse en nuestra provincia, sobre la margen norte del río Colorado.
Apenas poco más de una década atrás, desde la provincia cuyana solían dedicar a los emprendimientos bajo riego pampeanos expresiones poco menos que agraviantes, surgidas, desde luego, por los reclamos sobre los ríos Atuel y Chadileuvú. Sin embargo bastó que en ese lapso tuvieran lugar algunos cambios naturales y otros de carácter humano para que aquella mirada se modificara radicalmente, al punto de dar inicio a un éxodo en ciernes de personas y empresas que comienza a inquietar a los arribeños.
Algunos de esos factores fueron -y siguen siendo- sistemas de riego obsoletos (con la consiguiente salinización de los suelos), percepción de tierras aptas para cultivos y en abundancia, facilidades crediticias y administrativas y, sobre todo, escasez de agua, un problema que también afecta a la cuenca del río Colorado, pero con la diferencia de que la disponibilidad es mucho mayor en función del menor número de usuarios.
Pero también cabe mencionar algunos otros de carácter técnico y económico. El norte patagónico posee características favorables para la producción de vinos como la radiación solar, la cercanía a los puertos del Atlántico y, en los últimos tiempos, la orientación del mercado mundial hacia productos con menor tenor alcohólico, una particularidad que ofrece el clima del valle medio del Colorado.
Con semejantes perspectivas no es extraño que no solamente los pequeños y medianos cultivadores empiecen a mirar con interés las tierras pampeanas sino que también lo hagan los grandes capitales; de hecho ya hay varias bodegas de primer nivel establecidas o a punto de radicarse a orillas del Colorado. El fenómeno ha sido reconocido por los propios mendocinos que básicamente lo atribuyen a la crisis hídrica. Un medio cuyano señaló con franqueza y algo de sarcasmo: “desde General Alvear productores admiten que para algunos de ellos es una posibilidad intentar trasladarse a la ‘tierra prometida’ y ven como una ironía de la vida que la provincia en guerra con Mendoza por el agua del Atuel pueda, en última instancia, ofrecer un oasis viñatero”. Las estadísticas del Instituto Nacional de Vitivinicultura en cuanto a crecimiento del área cultivada parecen avalar aquella observación.
Pero no todas son buenas noticias para La Pampa; la circunstancia hace que Mendoza exponga ahora sin dobleces y con mucha mayor insistencia la necesidad del trasvase de caudales desde el río Colorado al Atuel mediante Portezuelo del Viento. Está en su derecho, pero siempre que se allane a las condiciones que impone el Tratado interprovincial que regula el uso del río y también al estudio de impacto ambiental sobre la totalidad de la cuenca tan resistido por los cuyanos.
Desde luego, nunca dejarán de estar presentes las prevenciones que inspira Mendoza por su larga tradición de incumplimiento en cuanto al uso ecuánime y compartido de las aguas interprovinciales.