Un juicio que va más allá del hecho causal

Señor Director:
Tal vez con mayor expectativa de la que es habitual, se está desarrollando el juicio por la muerte de una mujer joven, que estaba embarazada, cuando se encaminaba a su trabajo, en un lugar de la circunvalación Santiago Marzo.
El automotor que manejaba esta mujer fue embestido por otro vehículo que, según los testimonios, venía a velocidad muy superior a lo permitido (más de 100 por hora) y que había pasado de largo dos semáforos en rojo. El suceso tiene como imputado al conductor de este segundo coche, una persona joven de sexo masculino, a quien se le acusa de “homicidio simple con dolo eventual en concurso por participar en prueba ilegal de velocidad”. Se presume, pues, que este conductor participaba de una “picada”, que así se llama a competencias ilegales de velocidad.
De ser exacto lo referente a la picada y la velocidad de desplazamiento del vehículo conducido por el acusado, el caso desbordaría el marco habitual a que dan lugar los siniestros que se producen en el tránsito ya que propone fijar la atención en el hecho de que este conductor no podía carecer de conciencia del riesgo que representaba su conducta, tanto para sí mismo y su acompañante como para terceros.
El mismo día de leer en nuestro diario la noticia sobre comienzo del juicio, cayó bajo mis ojos el espacio habitual del dibujante, pintor y artista estimado, que firma Rep, donde dibuja una escena caótica de tránsito y pone dos frases: “Somos como caminamos” y “Somos como manejamos”.
Estos dichos trajeron a mi memoria la afirmación de un filósofo, según la cual “la operación sigue al ser”. Esta expresión abarca un ámbito de significación más amplio que el de las frases de Rep e incluso permitiría observar que aún no tenemos muy claro qué debemos entender por ser y si no puede resultar posible decir que las operaciones hacen el ser, supuesto un ser que se hace en el tiempo. Lo que me importa en este caso es la relación entre un operador y sus operaciones. Y descuento que es también lo que debe interesar a quienes han de juzgar a esta persona que está sometida al juicio que comento.
Quedándonos con la expresión de Rep, que presume la prioridad del ser, el solo espectáculo del modo de caminar o de conducir de las personas nos permitiría saber qué se puede esperar de ellas y, por lo tanto, justificaría responsabilizarlas por los hechos resultantes de su modo de conducir cuando se está al mando de un automotor, que es una máquina capaz de producir un siniestro que cueste una o más vidas. En cuanto al caminar, es más difícil que pueda ser causa de un siniestro, pero el que camina distraído o sin importarle si molesta o si genera peligros para sí o para otro, también estaría dando cuenta de un ser desaprensivo y capaz de generar situaciones de riesgo. Los resultados de las operaciones de estos seres se configurarían, creo, como una responsabilidad penal, al tiempo que darían aviso a la sociedad y a quienes gobiernan que conviene tomar noticia de estas conductas, a fin de pensar en maneras prácticas de atenuar el riesgo que generan. En el caso de quienes ceden a la tentación de la velocidad y la competencia, se ha previsto la conveniencia de disponer de escenarios adecuados para que satisfagan esa tendencia de su ser.
Los jueces deben basar su sentencia en pruebas objetivas, pero las personas deberían tomar en cuenta eso que dice Rep, sobre todo cuando se refiere a los que manejan automotores. Dado que cada uno de nosotros es, al cabo, responsable de sí mismo (y de las consecuencias de sus actos, que serían una manifestación de su ser) el aviso de Rep puede servirnos para ver si nos es posible controlar las pulsiones que vienen de esa oscuridad interior en la que se configuraría el ser. Heráclito nos puede ayudar cuando niega el ser y propicia una suerte de “siendo”: algo nunca concluso, siempre haciéndose. Ahí surge la posibilidad de que nuestro ser resulte de nuestro hacer.
Atentamente:
Jotavé

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