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Un mensaje oscuro

La foto del fiscal Carlos Stornelli sentado muy cerca del presidente de la Nación durante el acto por el Día del Ejército no pasó desapercibida. Desde el gobierno, por boca de la ministra de Seguridad, intentaron minimizar el hecho pero el fuerte contraste entre esas palabras y los hechos -un rasgo distintivo del macrismo- no pudo ocultar que se trató de un fuerte mensaje enviado tanto hacia el interior del Poder Judicial como hacia la sociedad.
El fiscal se encuentra en una situación insostenible. Desafió cinco citaciones del juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, en el marco de la investigación de una oscura trama de espionaje y extorsiones a dirigentes opositores y empresarios. Por tal motivo, y con el respaldo de la Cámara Federal de Mar del Plata, que confirmó la declaración en rebeldía, el juez también le pidió al procurador general -el superior de Stornelli- que le inicie el proceso de remoción. Es decir, un alto funcionario de la Justicia, responsable de hacer cumplir la ley, hoy está poco menos que prófugo haciendo valer sus fueros en forma harto abusiva e incompatible con su rol. Y peor todavía, las máximas autoridades políticas del país, en lugar de condenar este pésimo ejemplo le prodigan un ominoso respaldo en una conducta más emparentada con el accionar de las organizaciones que están fuera de la ley que con la legalidad que debería primar en el Estado.
Ningún funcionario, ninguna figura cercana al oficialismo alzó su voz para cuestionar. Antes bien, se notó una indisimulable fruición por semejante «acting». Pocas veces la doble vara del macrismo se hizo tan evidente. Quienes siempre presumieron de ser los representantes de la institucionalidad republicana, de la transparencia ciudadana, acabaron mostrando su rostro brutal. Con este gesto dijeron que la Justicia no es un valor esencial y que la independencia del Poder Judicial es apenas una consigna. Tal acto de «protección a uno de los nuestros» no tiene nada que ver con la república ni con la transparencia, tan meneadas en el marketing duranbarbesco.

Ausencia nada neutral
En las últimas horas La Pampa recibió un mensaje muy claro: va a estar sola en su pelea contra Mendoza por las aguas del río Atuel. La decisión de Nación de poco menos que abandonar su presencia en la Comisión Interjurisdiccional del Atuel Inferior (CIAI) lo expresa claramente. A la última reunión del organismo ningún funcionario político nacional se hizo presente; apenas tres técnicos.
Según se especuló, el origen de este desplante a un organismo interprovincial que está procurando llevar a cabo resoluciones emanadas de la Corte Suprema de Justicia, estaría en el aparente distanciamiento político entre el gobernador de Mendoza y el macrismo en razón del armado electoral de Cambiemos para las elecciones presidenciales. Sin embargo, la naturaleza específica de la CIAI tanto como su objetivo, tornan inverosímil tal sospecha.
Lo cierto es que hay dos claros ganadores -Nación y Mendoza- y un perdedor -La Pampa- con esta maniobra dilatoria; y a esta altura ya no quedan dudas del papel de socios que vienen desempeñando los dos primeros a expensas del segundo. Los tres actores de este conflicto están lejos de tirar para el mismo lado en busca de la justa distribución de un recurso hídrico interprovincial. La primacía de intereses mezquinos en la provincia cuyana que defienden a rajatablas la apropiación unilateral de todo el caudal del Atuel no ha sido cuestionada por Nación, a pesar de que debería ser garante de la armonía federal. La Pampa está en clara desventaja frente a la sociedad político-electoral que expresan los gobiernos nacional y mendocino más allá de sus ocasionales desencuentros. Y hoy, la deserción del Ministerio del Interior, sin dudas, apunta a consolidar esa situación pues la CIAI no puede avanzar sin su presencia. Toda postergación, se sabe, solo beneficia a Mendoza.