Un minué bailado en tiempos de contradanza

LARGAS NEGOCIACIONES GOBIERNO-CGT

Muy pobre fue la cosecha de la CGT luego de las reuniones con el gobierno. Los amagues de paro siguen en eso, sin definir una defensa activa de los trabajadores castigados por el plan económico.
EDUARDO LUCITA*
Luego de diez días de versiones y contraversiones de realizó la esperada reunión, los resultados son tan magros como se preanunciaran. El bono compensatorio tendrá que esperar unos días más, aunque nadie espera nada importante. Mientras el paro quedó en el limbo, la CGT acentuó su pérdida de peso político y el gobierno lo vive como un triunfo.
Según distintos escritos sobre musicología, el minué, de cuyos orígenes hay distintas versiones, es una danza barroca de corta duración bailada por los cortesanos en tanto que la contradanza era como llevarle la contra, una burla a ese baile de los cortesanos. En estos últimos días el diálogo gobierno-CGT -impulsado y bendecido por el santo padre- pareciera tener mucho de estos bailes.
No bien reunificada la CGT, el triunvirato ungido provisoriamente como dirección por el Comité Central Confederal, inició un raid de entrevistas con ministros, legisladores, eclesiásticos y movimientos sociales. Buscaba así afirmar su presencia como un interlocutor válido y racional a la par que ampliar su representación social haciendo suyos, por primera vez, los reclamos de desocupados y precarizados.
Para iniciar las negociaciones el triunvirato contaba con un aval de peso: por un lado los sindicatos habían aprobado un pliego de reivindicaciones que partía de una recomposición salarial del 40 por ciento, la reapertura de las paritarias, la eliminación del Impuesto a las Ganancias y un bono de fin de año. Asimismo el máximo organismo de dirección había aprobado un paro general delegando en ellos la fecha de concreción y la modalidad del mismo.

Negociaciones y contexto.
Los últimos datos conocidos muestran que la reactivación viene demorada, incluso algunos brotes verdes que creía ver el gobierno, como los despachos de cemento que habían crecido en agosto, parecen haberse marchitado en septiembre (-11%). El primer semestre cerró con una caída anual de 1,7 puntos del PBI impulsado por un fuerte retroceso en el tercer trimestre de todos los componentes de la demanda agregada (consumo, inversiones y exportaciones). Los datos de agosto muestran que el consumo se derrumbó (-7,4%) mientras que los de septiembre destacan que el mes pasado se perdieron 3.000 puestos de trabajo y que 16.000 trabajadores han visto reducir su jornada laboral.
En paralelo los registros del Indec muestran que la tasa de desocupación trepó en el segundo semestre al 9,3% (1.165.000 desempleados); que la pobreza llegó al 32,2% (13 millones de personas) y la indigencia al 6,3% (2.5 millones). En síntesis que en estos primeros nueve meses de gobierno hay menos empleo, menos horas trabajadas, menos capacidad adquisitiva de los ingresos fijos y más pobreza.
El gobierno nacional presentó su proyecto de presupuesto para el 2017, según el cual el año en curso cerrará con una pérdida de 1,5 puntos del PBI y una inflación anual de 35%, mientras que el año entrante tendrá un crecimiento de 3,5% y una inflación que oscilará entre el 12 y el 17%. Por el contrario en su primera visita al país en los últimos diez años el FMI se deshizo en elogios para el nuevo gobierno, aunque fiel a sus tradiciones criticó el elevado déficit fiscal, mientras que le enmendó la plana al estimar que la caída de este año será del 1,8% del PBI, que la inflación será del 40% y que para el año entrante espera un crecimiento del 2,7% y una inflación cercana al 23%.

Reunión bendecida.
A fin de septiembre llegó la esperada reunión de la CGT con el gobierno. Participaron once dirigentes sindicales y cinco ministros encabezados por el de economía. Previamente, desde su estadía en China, el presidente Macri había adelantado su negativa a cualquier apertura de paritarias.
La reunión fue precedida por la admonición del Papa Francisco: darle tiempo al gobierno y a la vez que éste atienda a los más necesitados. La CGT puso sus demandas por escrito, pero en ellas dejó de lado la reapertura de las paritarias y la eliminación del Impuesto a las Ganancias -según promesas de campaña- y equiparación por la inflación y las redujo a solo un bono de fin de año, la exención de Ganancias, pero solo al medio aguinaldo, y aumento para jubilados y beneficiarios de planes sociales, mientras que la modificación de las escalas quedó para el 2017. Así la CGT hacía propio el programa del gobierno, al menos el que había ejecutado al inicio de su gestión.
Pero resultó que el gobierno tenía otros planes. Impuso que se firmara un acta que le otorga un plazo de diez días para definir el contenido concreto que le daría a esas demandas y logró colocar en la discusión su “propuesta de diálogo productivo”. La CGT interpretó esto último como un indicio de avance hacia su reivindicación tradicional del pacto social. Por el contrario el gobierno dejó en claro que prefería diálogos sectoriales para tratar los problemas productivos: competitividad, productividad de la economía y lo que denomina judicialización de los accidentes laborales.

Dimes y diretes.
Un día después de la reunión el ministro de Economía, Alfonso Prat Gay, afirmó desde Córdoba que se atenderían las demandas de la CGT, “Lo estamos considerando, seguramente lo vamos a hacer” De inmediato el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, salió al cruce señalando que tienen que atender a la “fragilidad fiscal que heredamos del kirchnerismo”, tras cartón Prat Gay se rectificó “Con la CGT no se acordó absolutamente nada”. Así la central obrera quedó desairada y solo atinó a defenderse: “no hay tregua ni paro” o “el paro está latente”, (Héctor Daer); “si nos ofrecen migajas habrá paro”, (Pablo Moyano); “si no hubo batalla cómo hablan de tregua” (Juan C. Schmitd), mientras que los bancarios llamaban a un paro por la reapertura de su paritaria.
Para el gobierno la exención de Ganancias había que acordarla con los gobernadores, porque es un impuesto coparticipativo; gobernadores e intendentes respondieron que no pueden pagar el bono, en tanto desde el oficialismo dejaban correr versiones diversas sobre los posibles aumentos y compensaciones que desinflaron las expectativas mientras el presidente Mauricio Macri golpeaba más fuerte: “no hay clima social. En la CGT no hay un liderazgo claro. Actúan para no perder espacio mediático ante las cámaras”. Por último los ministros de Trabajo, Jorge Triaca, y de Desarrollo, Carolina Stanley, dejaron en claro que el bono de fin de año alcanzaría solamente a los jubilados y pensionados que ganan la mínima y a los beneficiarios de planes sociales, en tanto que en el sector privado debiera negociarse por empresa y del sector público nadie arriesgaba.
Mientras tanto la consultora Tendencias Económicas dio a conocer su informe sobre conflictividad laboral: “en septiembre los paros registraron un aumento del 133 por ciento, involucrando 5,6 millones de trabajadores, con un aumento del 25 por ciento anual respecto a la duración de cada conflicto. La mayoría de ellos fueron por salarios y el 11,9 por ciento por suspensiones.

Diez días después.
Finalmente este miércoles se cumplió el plazo de diez días. La reunión se caracterizó por el hermetismo, incluso se cambió a último momento dos veces el lugar de la cita tratando así de crear un ambiente de misterio, pero el resultado fue lo que se esperaba. Acordaron sobre lo ya acordado: una suma de mil pesos a los jubilados que cobran el haber mínimo -que se extenderá a quienes cobran la Asignación Universal por Hijo- y se eximirá hasta 15 mil pesos el pago del impuesto a las Ganancias sobre el medio aguinaldo para los salarios hasta los 55 mil pesos brutos. Todo tiene gusto a poco y habrá que esperar unos días más para que se resuelva sobre el bono compensatorio, pero las expectativas son que se impondría la propuesta del gobierno. El paro quedó en el limbo, el triunvirato levantó la reunión de evaluación prevista para el jueves mientras que desde el coloquio de IDEA el presidente elogiaba la “madurez de los dirigentes sindicales”.
¿Se agudizarán ahora las contradicciones internas en la CGT? ¿Se puede esperar alguna reacción de los sectores más díscolos en alianza con las CTA y la izquierda? Veremos, mientras tanto puede el lector hacer el ejercicio de especular quiénes son -en este baile de contradanza- los cortesanos y quiénes los que se burlan de ellos.

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).

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