Un mundo que ahora es una vecindad real

Señor Director:
El hecho es que el mundo se ha convertido en un vecindario y que la población se concentra cada vez más en núcleos urbanos.
Este avecinamiento acelerado confirma que las diferencias culturales son fuertes y no desaparecerán en el corto tiempo, pero a la vez revela que tenemos más parecidos de lo que dábamos por sabido. Las diferencias idiomáticas son reales, pero la vecindad les quita entidad porque siempre hemos querido entender al otro menos por lo que quiera decirnos con palabras como por lo que expresa su cuerpo mientras habla. Los llamados cuenteros del tío prosperan cuando han desarrollado suficientemente esta capacidad de leer la intimidad ajena no por sus dichos sino por sus gestos, su mirada, los movimientos del rostro y hasta de los pies. Esta es la expresión original, muy anterior a la creación de la lengua hablada, cuyo efecto fue decisivo para diferenciarnos de los demás seres vivientes.
La sociedad humana, que ha evolucionado y evoluciona sin cesar, tiene una predominancia notable de rasgos comunes. Las necesidades son comunes y las respuestas son por lo menos semejantes, aunque cada vez más iguales dado el desarrollo de las comunicaciones y aun a pesar de que éstas han sido “privatizadas” por las minorías dominantes.
He venido insistiendo en la idea de que hemos llegado a un momento de culminación en la identidad de los procesos. Como se advierte con claridad en Occidente, pero que no difiere en lo sustancial de lo que sucede en las otras antiguas regiones de radicación humana, se ha llegado al punto de que la diferencia socioeconómica dominante ha generado situaciones políticas básicamente iguales. Me refiero al predominio alcanzado por lo que se conoce con el nombre de neoliberalismo, el cual ha realizado dos tipos de movimientos: por un lado, se ha desligado de su dependencia con respecto a las naciones (se ha “globalizado”); por otro, ha tomado la conducción de los gobiernos nacionales con un grado de eficacia que, en el pasado, nunca tuvieron las fuerzas armadas cuando fueron llamadas a ocupar el poder por la burguesía dominante a fin de frenar el avance de proyectos “inclusivos”, palabra ésta que sintetiza el objetivo. El avance de lo que inicialmente se llamó el capitalismo, consistente en liberarse de controles nacionales, creando su propio ámbito no nacional (los paraísos fiscales) o de utilizar su dominio de los medios de comunicación para facilitar el copamiento de los gobiernos nacionales por un poder que es “del palo” y así alcanzar los objetivos que antes buscó periódicamente por los gobiernos militares (las dictaduras), se verifica en nuestros días en Europa y en toda América. La similitud de las políticas básicas que desarrollan dichos gobiernos es tan notoria que hasta permite predecir qué hará cada agrupamiento político que llega al poder con el rasgo identificador del neoliberalismo. He leído en estos días los cuestionamientos que se le vienen haciendo al periodista José Natanson por haber dicho que en la Argentina se ha impuesta un proyecto “democrático” y advierto que el respeto inicial de las objeciones a sus dichos tiende a convertirse en una descalificación que, para mi ver, es excesiva, ya que creo que Natanson puso quizás un énfasis recargado a su propósito de advertir lo que hay de nuevo que posibilita el ascenso y puede generar el afianzamiento de un gobierno neoliberal.
La novedad alternativa puede verse, quizás, en Europa. Luego de que la Unión Europea abandonara su proyecto original (generar un estado de bienestar para toda la población) las naciones más desarrolladas, una tras otra, han visto desaparecer o reducirse significativamente a la socialdemocracia, que venía alternándose en el poder con el conservadurismo tradicional. Ahora hay reacciones principalmente en Francia y el Reino Unido, con formaciones de izquierda de nuevo cuño.
Atentamente:
Jotavé