Un Nobel para que no haya armas nucleares

Señor Director:
El Nobel de la Paz de este año, otorgado en la pasada semana, está claramente orientado a destacar la magnitud del riesgo atómico existente.
Al ser asignado a la asociación Campaña Internacional para Abolición de las Armas Nucleares (ICAN) puede impresionar como que el Comité Nobel se ha decidido en favor de un acuerdo internacional que dispondría la abolición de las armas nucleares, o sea, destruir las existentes y no construir nuevas (como propicia el ICAN). Sin embargo esta opción supuso descartar las candidaturas de los cancilleres de Estados Unidos e Irán, principales gestores del acuerdo de 2015 que estableció que Irán abandona el camino hacia un arsenal nuclear propio a cambio de que Estados Unidos, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Rusia y China dejen sin efecto las sanciones económicas vigentes (contra Irán). El nuevo presidente norteamericano Donald Trump, calificó de “vergonzoso” este acuerdo y anticipó que no coincide con los otros firmantes en cuanto han expresado este año su conformidad con el cumplimiento por parte de Irán. Si el congreso norteamericano decide compartir esta apreciación del presidente Trump el acuerdo caerá.
De haber seguido delante con la idea de dar el Nobel de la paz a los cancilleres de Estados Unidos e Irán de 2015, el Comité Nobel hubiese irritado al irritable Trump, quien ha optado por estar del lado de Israel, que recela de Irán. Al optar por una propuesta que va al fondo de la cuestión, como es la que propicia la ICAN, el comité eludió este choque con Estados Unidos, a pesar que el gobierno de Trump ha anticipado que la propuesta de ICAN (destruir todas las armas nucleares) es inaceptable (idea que parecen compartir las otras potencias nucleares, detalle que revela que la propuesta del ICAN tiene pocas chances). Los suecos, si bien persisten en llegar al desarme nuclear completo, han optado por una vía que por el momento es inviable, pero que pone ante la conciencia del mundo que la amenaza atómica existe y puede derivar en una catástrofe mundial.
Lo que Estados Unidos sostiene contra la propuesta de eliminación total de armas nucleares, es que tener esas armas es lo que actualmente permite la “disuasión nuclear”: o sea, la posibilidad de que una o más potencias nucleares puedan amenazar con destruir al país que quiera sumarse al club nuclear. A su vez, Corea del Norte, que está bajo amenaza norteamericana de “disuasión nuclear”, argumenta que tampoco puede aceptar negociar un acuerdo como el iraní de 2015 porque Estados Unidos no es confiable. Implícitamente dice que Estados Unidos quiere mantenerse en la península coreana en vista de que China está desarrollando sus armas nucleares. Para Kim Jung-un, el presidente de Corea el Norte, tener su propio armamento nuclear es la única alternativa frente a la presencia de los Estados Unidos. Elige así una política extremadamente peligrosa, pues Trump ha hablado de arrasar ese país. Otras naciones, que tienen armas atómicas en desarrollo (Israel, India, Pakistán, entre ellas, y hasta China, cuya capacidad nuclear no ha podido ser estimada) no se han manifestado claramente sobre la propuesta de ICAN. Por ahora descansan sobre sus misiles portadores de carga atómica, aunque sostener este arsenal y actualizarlo constantemente, afecta el desarrollo económico.
Conviene recordar que no hay país que pueda declararse ajeno a los efectos de la existencia de potencias nucleares y a sus controles. El caso del fiscal Nisman, en la Argentina (atentado que destruyó la sede de la AMIA y causó más de 80 muertes) se relaciona con las tensiones entre las potencias nucleares. Desde que han intervenido los servicios de Estados Unidos e Israel, la posibilidad de aclarar responsabilidades se esfumó y es posible que nunca quede resuelto: que nunca sepamos quienes fueron sus autores. Y ya costó otra vida: la de ese fiscal.
Atentamente:
Jotavé