Inicio Opinion Un nuevo cepo

Un nuevo cepo

Una noticia reciente que no tuvo demasiada repercusión reveló que la compra de dólares por parte de las personas físicas se derrumbó a menos de la mitad con relación a un año atrás. Algún distraído podría señalar que estamos ante un nuevo “cepo al dólar” y, en verdad, no estaría demasiado equivocado. Solo que esta vez la restricción no corre por cuenta del Estado, como durante el gobierno anterior, sino del mercado.
Cuando se habla de las operaciones con dólares hay que tener presente que son alrededor dos millones de personas las que atesoran en moneda norteamericana; es decir, apenas un cuatro por ciento de la población del país. El dato suele ser omitido por el periodismo oficialista porque desnudaría su mala fe en tiempos no muy lejanos cuando atacaban con ferocidad al gobierno kirchnerista que había restringido el acceso al dólar con el propósito de frenar el sangrado de reservas del Banco Central.
En aquellos años anteriores a 2015, el “cepo al dólar” se convirtió en una bandera para la prensa porteña y el macrismo y sus aliados. En sus arengas vociferaban que la administración anterior perjudicaba a “los argentinos” porque se le impedía “a la gente” acceder sin limitaciones a la compra del billete verde. De más está decir que muchos incautos creyeron en esas declamaciones al ignorar que, tradicionalmente, siempre fue una minoría la que ahorraba en divisas. Algo parecido sucedía en esos años con las críticas por la imposición de Ganancias “a los trabajadores”, cuando se ocultaba que solo el diez por ciento de ellos -los de sueldos más altos- afrontaba ese tributo. (Hoy se ha duplicado ese número -junto con una caída salarial estrepitosa- ante la pasividad absoluta de las centrales sindicales).
Con la llegada del neoliberalismo macrista “cualquiera” puede comprar los dólares que se le ocurra. Millones de ellos sin ninguna restricción. Ya no está el Estado para impedirlo. Solo hay un “detalle”: el precio del dólar sube sin freno y la capacidad de compra ha caído tanto que afecta incluso a buena parte de la minoría que habitualmente opera con él. Ahora el “cepo” lo pone el mercado y no la aborrecida intervención estatal. Por eso esta noticia pasó desapercibida.

Doble discurso
Mucha preocupación existe en el INTA ante la asfixia económica que el gobierno nacional viene imponiendo en el organismo. Los recursos presupuestarios han caído drásticamente y no alcanzan para llevar adelante los proyectos de investigación y extensión mientras que el personal que se jubila o retira no es reemplazado con lo cual se están desmantelando los equipos de trabajo.
En las universidades de todo el país y el Conicet se multiplican los reclamos por la misma razón. Las partidas presupuestarias se han derrumbado junto con los salarios de los profesores e investigadores.
Es evidente que el desarrollo científico y tecnológico está muy lejos de ser prioritario para el macrismo. Es un insulto a la inteligencia escuchar los discursos oficiales que hablan de “convertirnos en el supermercado del mundo” mientras se abandona a su suerte a los organismos científicos y educativos que pueden conducirnos a ese publicitado objetivo.
Ningún país ha alcanzado el desarrollo sin ciencia y tecnología propias. Esa cualidad es la diferencia más notable que los distingue de los países subdesarrollados. Argentina venía dando pasos muy significativos en esa dirección, incluso con la repatriación de más de mil destacados científicos.
No por casualidad ese proceso se interrumpió en 2015 cuando el macrismo impuso su modelo neoliberal y el Estado se retiró de sus funciones esenciales para dar lugar a una economía de mercado ciega y sorda a las necesidades y al progreso del conjunto de la sociedad. Para los CEOs que nos gobiernan la única prioridad son las superganancias de la elite económica.