Un retroceso de un siglo

El crecimiento del stock ganadero y la caída del consumo de carne son dos datos que ilustran con precisión el momento que vive el país. Las cifras fueron aportadas por el suplemento agroeconómico de este diario publicado el sábado último. En sendos informes se revela que, por una parte, el crecimiento del rodeo vacuno registró un aumento sensiblemente superior al esperado, en tanto la demanda de carne en el mercado interno se desplomó a causa de la caída del poder adquisitivo de los salarios.
El año pasado los argentinos consumieron, en promedio, 58 kilogramos de carne por habitante, mientras que para 2018 las proyecciones apenas llegan a 49 kilogramos. El promedio entre los años 2007 y 2015 arrojó 62 kilogramos.
A simple vista salta el derrumbe en el consumo de un producto básico de la dieta nacional muy valorado por nuestra tradición culinaria y por sus propiedades nutritivas. La misma tendencia negativa ya se había informado para el consumo de verduras y frutas mientras, simétricamente, se anunciaba el incremento de los alimentos farináceos. Se trata de un empobrecimiento en la calidad de la dieta de los argentinos producto del empobrecimiento de los bolsillos de las mayorías.
El otro dato que aportó, en la misma edición, el suplemento de LA ARENA también es altamente significativo: las exportaciones de carne vienen aumentando notablemente, alcanzando en agosto último el volumen más alto desde el año 2009.
Es decir, el país está produciendo y exportando más carne pero los argentinos consumen mucho menos. Se trata de un efecto esperable del proceso de reprimarización de la economía que llegó con el macrismo. La apuesta a la producción primaria -alimentos, hidrocarburos, minerales- paralelamente a la destrucción de la industria mediante la apertura indiscriminada del comercio exterior dio como resultado un enorme crecimiento de la desocupación. A ello se sumó la fuerte caída de salarios y jubilaciones a causa de la devaluación y su efecto inmediato: la inflación. El resultado está a la vista: un empobrecimiento de los sectores medios y bajos que se advierte de inmediato en los hábitos de consumo y que alcanza incluso a los productos más arraigados como las carnes.
A paso redoblado la sociedad argentina se vuelve más desigual, con el segmento más acaudalado de la población que aumenta significativamente sus ingresos mientras las mayorías ven reducidos los suyos. Otros datos económicos divulgados en las últimas horas completan el panorama. En su edición de ayer este diario informó de una drástica reducción -el 50 por ciento- en la venta de pasajes de ómnibus de larga distancia y el derrumbe de las ventas por el Día de la Madre que alcanzó al 13 por ciento con relación al año pasado.
Son cifras que hablan por sí solas del proceso de degradación que viene sufriendo nuestro país a partir del “cambio” que logró que aumente la producción y exportación de carne y que, a la vez, baje su consumo interno. Un retroceso de un siglo que nos lleva a los años del Centenario, cuando las familias de la aristocracia argentina presumían de ser las dueñas del “granero del mundo” mientras las mayorías pasaban hambre.