Un servicio que obliga a equilibrios difíciles

Señor Director:
Más de una vez me he referido aquí al oficio policial a partir de la dificultad que supone su desempeño.
Me he preguntado si el problema tiene que ver con ciertas lealtades que son puestas a prueba con excesiva frecuencia y cuya causa está más allá del servicio policial por corresponder a la forma en que se halla estructurada la sociedad y su desigualdad en la disponibilidad de medios de subsistencia. Cada individuo que nace aparece en una comunidad y de su relación y de la influencia de “los Otros” depende mucho su formación. Cada uno de nosotros es “yo más mis circunstancias”.
Llego a decirme que el policía, quien con frecuencia proviene de sectores sociales menos favorecidos y se ve en situación del tener que intervenir en casos de hurtos, robos y otros hechos criminales, puede enfrentarse con un problema de lealtades cuando, como es frecuente, los denunciantes son personas de mediano o buen nivel económico y los sospechados pertenecen a los grupos menos favorecidos. Si bien es cierto que los delitos económicos más importantes por sus montos y efectos son protagonizados por personas de los grupos de mejor nivel de vida, los que ocupan con mayor frecuencia al policía son robos y hurtos, así como pendencias violentas. Las ciudades se han estado dividiendo según el nivel de ingresos regulares y han dado lugar a los barrios pobres. El sospechoso es buscado en estos barrios y con frecuencia allí está. Quien nace ahí afronta una desventaja notoria.
Tomo nota de sucesos registrados en la información de esta semana con respecto a la policía de la provincia de Buenos Aires: 1) Finalizó la investigación por el hallazgo de 800.000 pesos en la comisaría primera de La Plata, estimada como “un claro acto de corrupción”: defraudación al erario público y malversación de fondos. Fue intervenida la seccional y siete policías desafectados del servicio, entre ellos el jefe. El diario porteño que consigna la noticia dice, a manera de reflexión final: “Lo dudoso no es la corrupción sino los motivos que llevaron a denunciarla”. 2) Un ex policía bonaerense, Hugo Sosa, estuvo acusado de haber integrado un escuadrón policial que fusilaba pibes en el Tigre, hecho del que fue absuelto, pero se lo ha condenado a 6 años de prisión por haber causado lesiones graves a un repartidor de harina, hecho del 13-10-2016, que fue grabado por una persona que pasaba por el lugar. 3) El policía bonaerense Gustavo Vega fue condenado a 15 años y medio de prisión por intento de homicidio. Antes estuvo acusado de asesinar a dos chicos (masacre de La Cárcova). 4) Un ex policía, ahora de 63 años, fue detenido con un arsenal y 750 mil pesos en Azul. Tenía 50 armas: 22 escopetas, 8 carabinas, 6 fusiles, 11 revólveres y 5 pistolas, además de 9500 proyectiles de diversos calibres, 400 cartuchos de escopeta, proyectiles antiaéreos, granadas de mortero, 5 miras telescópicas, 300 vainas de recarga y 10 kilogramos de pólvora. Se supone que el dinero secuestrado era producto de un robo y que el ex policía alquilaba armas a ladrones. Si tomase semanas o meses, no habría lugar suficiente en esta columna para detallar casos que complican a policías de la provincia y de la capital federal. También varias provincias tienen problemas importantes.
No es fácil abarcar tantos casos en un único comentario. He comenzado esta nota con referencia a otras en las que he tratado de entender la singularidad del papel policial y sus posibles problemas individuales y colectivos. También he señalado que los delitos de mayor incidencia social y económica se producen en los niveles medio y altos de la pirámide social. La pregunta es si la infección se transmite de arriba hacia abajo o si reside en un rasgo propio de la configuración de una sociedad desigual o es una expresión de la complejidad de la naturaleza humana. Propongo el tema, porque las preguntas están dirigidas a todos.
Atentamente:
Jotavé