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Edición del 5/4/2009
Un arreglo a la sombra del Compre pampeano
I - La licitación de 1.800 casas con fondos de Nación, lo admitió el gobierno, se repartió en medio centenar de ítems para favorecer a las pequeñas y medianas empresas pampeanas. A este admitido direccionamiento hacia los empresarios locales -cuya lógica en política no encuentra mayores objeciones- hay que sumarle la ley de "compre pampeano" que le da una ventaja de varios puntos porcentuales a las empresas locales por sobre las ofertas de empresas foráneas. De esta forma, las empresas de construcción de La Pampa tuvieron, en el llamado a licitación, una doble ventaja. Hubo una especie de "blindaje" que les permitía ofertar con tranquilidad. Tenían entonces allí una oportunidad inmejorable de demostrarle a los pampeanos que estaban a la altura de lo que se le ofrecía participando lealmente en la licitación, pujando hacia la baja los precios. Esa licitación era, así planteada a su favor, una apelación a su responsabilidad empresaria. A su ética empresaria. Esa que suelen proclamar.

II - Pero nada de eso ocurrió. En cambio las empresas hicieron valer -por sobre la generosidad del pueblo pampeano que les ofreció en bandeja un buen negocio en el convencimiento de que es bueno que nuestras empresas trabajen- , su mezquina racionalidad microeconómica que las llevo a algo muy parecido a un reparto fraudulento y a no ofertar por debajo del altísimo presupuesto oficial sino en una medida microscópica y porque el pliego advertía que se declararían nulas las ofertas superiores al presupuesto oficial.
La forma en que cada una ofertó invalida la licitación. La invalida porque es más que evidente que los números son una burla. ¿Cómo puede ser que una empresa que cotizó un barrio en Santa Rosa a razón de 2.080 pesos el metro, haya cotizado en uno idéntico ubicado a pocos metros a 2.085? ¿Cómo puede ser que esa ínfima diferencia de cinco pesos en menos sea la determinante a la hora de ganar y, como contrapartida, la ínfima diferencia en más lo sea para perder una obra millonaria? Cómo puede ser que una empresa que ganó meses atrás una licitación para la construcción de una escuela albergue por más de dos millones de pesos haya ganado "justamente" el barrio de viviendas en esa alejada localidad del oeste. ¿Cómo puede ser que a cada empresa le tocó un barrio en su lugar de origen y en los lugares donde ya estaban trabajando pero esa "casualidad", que podría ser una ventaja comparativa para cotizar menos, no se vio reflejado en los precios?
Las empresas de construcción privadas que operan en Santa Rosa construyen casas y departamentos de similar calidad que las casas de barrio licitadas con poco más o menos 1.600 - 1.850 pesos por metro cuadrado (números reales, no los dibujos que hacen en sus contabilidades). ¿Por qué al estado le pretenden cobrar 2.080 o más para construir casas de barrio de ínfima calidad y materiales en muchos casos deplorables?

III - Las preguntas surgen solas. No hay que forzar nada. Sólo usar el sentido común y recordar para qué sirve una licitación. Sirve para que el estado logre la mejor oferta y el mejor precio posible que el mercado pueda aportar. Pero eso no ocurrió. Sabiendo que estaban solas, las empresas pampeanas parece que se pusieron de acuerdo para repartirse las obras entre ellas y cotizar todas más o menos lo mismo. Ninguna sacó los pies del plato. No hubo una sola de la treintena de empresas que cotizara distinto. Todas apenas una fracción de punto sobre el presupuesto oficial y con tanta suerte que todas recibieron lo suyo. Eso tiene un nombre que, cuando se pronuncia suena feo.

IV - Una adolescente murió en la semana luego de ser arrojada desde un vehículo en marcha. Se trata de una menor que ejercía la prostitución a las puertas de la ciudad. A la vista de todos. Su muerte no movilizó los ánimos de la sociedad ni de los organismos del estado que dicen estar para proteger a nuestros niños y jóvenes. Esa muerte nos dijo cosas que no queremos escuchar y nos permitió vernos en un espejo que no queremos mirar porque desnuda toda la hipocresía de la que somos capaces cuando abordamos la marginalidad y su forma de triturar vidas jóvenes. (LVS)


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