Un centro que cambia su significado inicial

Señor Director:
La población llamada 25 de Mayo comenzó a tener figuración en el imaginario pampeano en las etapas finales del territorio nacional.
No es que antes se ignorase su existencia, pero si nos ubicamos aquí, en este oriente estrecho y semiárido, esa “colonia” era una referencia distante que tardó en ser visualizada como posibilidad y desafío. Llegó el momento, antes de la provincialización, cuando un grupo de personas de Santa Rosa recogió los hilos diversos a través de los cuales se venía formando la idea y el sentimiento de lo pampeano como una entidad diferenciada y que, al “pensar La Pampa”, advirtió que era necesario asumir la realidad de las tierras distantes, casi desérticas, que constituyen la mayor extensión del territorio provincial. Hablo del grupo que, además de pensarlo, fue hasta las márgenes del Colorado y formalizó la propuesta de poner en producción esas riberas como modo de generar, aprovechando la existencia de un río, un polo de desarrollo que, al mismo tiempo, dibujase una suerte de eje con las zonas más pobladas y generase una incitación a asumir la realidad del desierto, confirmado con la paulatina desecación del Salado o Chadi Leuvú. Esta propuesta, que se ha prolongado por una constante prédica periodística de la que nuestro diario ha sido parte significativa, ni siquiera ha terminado de ser plenamente asumida por el grueso de la población de la franja oriental y hoy mismo, si bien peleamos por los ríos con conocimiento y determinación, carecemos de un programa movilizador que determine qué es posible y qué se debe hacer con la vastedad desértica. Uso esta expresión para dar cuenta del aspecto físico del espacio aludido, sin ignorar que hay múltiples de sus lugares que han tenido y tienen una radicación humana que ha gestado tradiciones, leyendas y expresiones literarias y artísticas enjundiosas y convocantes.
Comencé refiriéndome a 25 de Mayo porque esta población, que en el imaginario de los pioneros de la colonización y desarrollo de ese lugar y de todo el ámbito del Colorado, viene siendo escenario de situaciones y sucesos que dan cuenta por lo menos de una anomalía. Ya no se trata de preguntarse si el desarrollo productivo, iniciado con la provincialización con tanto empeño como esperanzas, se ha estancado o padece las consecuencias de políticas erróneas en algunos de sus aspectos. El hecho nuevo en ese sector ha sido la paulatina importancia de la explotación del petróleo. Basándome en lo que he podido conocer de la experiencia de otras regiones del mundo donde se localizaron disponibilidades de oro negro, pensé y escribí en estas columnas que comenzaba una nueva etapa en esos lugares y que probablemente se produciría una colisión que podría generar problemas de sociabilidad. En los últimos años las noticias que hacen centro en 25 de Mayo dan cuenta de tensiones sociales que tienen correlato político no precisamente favorable. Algo está sucediendo allí que pienso que tiene alguna relación con el petróleo y el impacto habitual de esta actividad (por las diferencias económicas y salariales que genera) que modifica el ritmo y expectativas de esa comunidad. No se trata de creer que haya uno o más genios aviesos que alteran lo corriente. No se dan así las alteraciones sociales importantes. Los “genios aviesos” hallan caldo de cultivo en el curso de crisis generadas por cambios socioculturales acelerados por un factor circunstancial (y el petróleo lo es, así como los cultivos bajo riego son el factor permanente y duradero).
Lo que trato de decir (o quizás quiero preguntar, proponiendo estudios y debates) es que 25 de Mayo reclama una atención especial y no remedios circunstanciales de tipo más o menos espectacular. Hasta es posible que este nombre suene otra vez como un timbre para imponer la asunción plena del territorio que nos ha tocado como herencia y compromiso.
Atentamente:
JOTAVE