Un mojón en la lucha por el Atuel

La Cámara de Diputados de la provincia resolvió declarar al 8 de agosto como el Día de los derechos por el río Atuel. Aunque se trata de un paso administrativo que podría considerarse una formalidad, la iniciativa representa un notable interés para con los ideales pampeanos y crea un marco que, de aquí en más, hará ineludible la fecha para cualquier gobierno.
Es para destacar esta decisión de la Legislatura provincial que busca estimular la memoria en relación a la sustracción de nuestros ríos por parte de las provincias arribeñas, un proceso tan indignante como asombroso que ya va para el siglo de existencia sin reconsideraciones que traigan alivio a los pampeanos. En ese transcurrir de acontecimientos ha quedado en evidencia por un lado la prepotencia de los estados cuyanos y por otro el menor peso político de La Pampa.
De allí que aparezca como muy positivo este acto recordatorio y simbólico, especialmente en tiempos como los actuales cuando hay promesas de algunos candidatos favorables a los intereses mendocinos y que parecen desconocer o ignorar los derechos y los reclamos pampeanos. En la perspectiva de esos candidatos la idea de integración nacional queda postergada frente a los poderosos intereses económicos sectoriales.
Este escenario complejo que trajo tantas desdichas para los pampeanos es el que le otorga entidad a esta iniciativa de los legisladores, ya que lo que se está conmemorando es la fecha -el 8 de agosto de 1947- en la que el radiotelegrafista de la policía territoriana Angel Garay enviara una carta nada menos que al Presidente de la Nación, haciéndole notar y reclamando por la catástrofe ambiental y humana y la miseria generada por el corte de los últimos brazos del Atuel que entraban a La Pampa a raíz de la construcción de la represa El Nihuil, en Mendoza. En verdad, al margen de la sensibilidad personal, fue también una gran demostración de valor para dirigirse a la máxima autoridad de la república pasando por encima de todo el escalafón jerárquico de la institución policial que tenía por encima.
Aunque la historia es conocida y significativa vale la pena recordar que en aquellos tiempos de Pampa territoriana la respuesta dada por las autoridades nacionales al reclamo del humilde policía de Paso de los Algarrobos, aunque modesta (tres sueltas anuales que significaban una pequeñísima parte del derrame total anual del río) nunca fue cumplida por Mendoza, que prefirió alentar la idea de que el curso era de su exclusiva propiedad. Así ha transcurrido más de medio siglo, profundizándose el proceso de desertización en el centro mismo del país.
La consagración de un día destinado a recordar los derechos de La Pampa sobre el río robado constituye un nuevo mojón en la larga -aunque también sinuosa- historia de luchas por su recuperación. La presencia en la sesión del visionario protagonista de la historia -con sus vigorosos 94 años de edad- no pasó desapercibida, aportó una enorme cuota de emoción y constituyó una clara muestra de agradecimiento de todos los pampeanos a través de sus representantes a quien fuera el primer habitante de este territorio en advertir el problema y reclamar justicia a las autoridades nacionales.