Un premio notorio que ha caído en olvido
En la década de los años noventa el gobierno provincial tuvo la buena idea de crear el premio Testimonio, galardón que expresaría el reconocimiento general a los integrantes de la comunidad pampeana que se hubieran destacado por su aporte cultural -usada esta palabra en un sentido amplio- en beneficio de la provincia. Inicialmente la distinción se entregó con una frecuencia bianual, para pasar posteriormente a ser otorgado cada cuatro años. Su entrega era responsabilidad del gobierno de La Pampa a través de la Subsecretaría de Cultura y estaba avalado por un jurado especial que estudiaba las propuestas y decidía sobre los destinatarios.
Puede decirse que, en líneas generales, el premio Testimonio estuvo adecuadamente otorgado en las ediciones en que se concursó -1997, 1999, 2003, 2007-, a veces expresando el reconocimiento a figuras largamente postergadas en el ámbito en que se destacaron. Más de medio centenar de personas fueron distinguidas en su trayectoria dentro de la disciplina en que se desenvolvían. Es de destacar que el premio no acepta postulaciones individuales y las que recibe son a través de diferentes instituciones públicas y privadas, activas y vinculadas a manifestaciones culturales o profesionales de la provincia, que avalan las presentaciones. Esto que constituye, en definitiva, un homenaje a comprovincianos que lo merecen es válido únicamente para personas vivas y con más de sesenta años de edad.
A comienzos del año pasado los medios de comunicación notificaron acerca de que la inscripción para el premio de ese año ya se encontraba abierta a las instituciones que quisieran postular un candidato, cosa que varias entidades hicieron desde distintos lugares del espacio provincial. Al finalizar el año, época en que solían darse a conocer las distinciones, todavía no se conocían nombres y, desde esta misma columna, se hacía notar esa circunstancia que, de prolongarse, interrumpiría un hecho original, novedoso y justo, de alguna forma aguardado por buena parte de la comunidad pampeana.
Ya casi en la mitad de este año no ha habido noticia alguna al respecto, ni sobre el otorgamiento ya retrasado ni sobre las circunstancias que hacen a la posible desaparición del premio. Los organismos responsables no han dado ninguna noticia al respecto cayendo, de alguna manera, en un desaire a las numerosas instituciones que presentaron sus candidatos con los debidos avales.
La circunstancia es lamentable, especialmente si se considera que su concreción no parece implicar un trámite excesivamente complicado y sí resulta trascendente al quehacer de la provincia. De hecho sería triste que este Testimonio no otorgado hasta ahora corriera la misma suerte que otros premios similares en la provincia, que inicialmente abrieron una perspectiva brillante y original, para caer después en el más absoluto olvido. Uno de los aspectos que dan más lustre y trascendencia a las distinciones es, precisamente, su perduración en el tiempo, circunstancia que no puede ni debe ser ignorada por las autoridades responsables.
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