Una Argentina cada vez más semicolonial

LA SEMANA POLÍTICA

Con el nuevo acuerdo anunciado con el FMI, el país descendió varios peldaños hacia el infierno de la dependencia. La política económica y social, no sólo las líneas del Banco Central, se deciden en Washington.
SERGIO ORTIZ
Ya se sabía que Mauricio Macri confundía las fechas patrióticas del Día de la Bandera con el de la Independencia, como quedó escrachado en el archivo del desaparecido programa 678. Aún en medio de torpeza e ignorancia, eso no fue tan grave como confundir el 9 de julio de los argentinos con el 4 de julio de la embajada norteamericana, tal como puede deducirse de sus declaraciones, gestos y decisiones políticas de la semana.
Aquello no es una chicana. Se basa en hechos. Sólo quien padece una confusión política fenomenal puede decir en Estados Unidos que sintió un flechazo por Christine Lagarde y que desea que todos los argentinos tengan el mismo sentimiento para con la directora gerente del FMI.
En medio de ese orgasmo poco patriótico, el presidente habilitó a Nicolás Dujovne para que junto a Lagarde anunciara el nuevo acuerdo con la entidad financiera, que sólo agregará 7.100 millones de dólares al préstamo original, con nuevos condicionamientos. Las formas importan. Esa puesta en escena se hizo con Dujovne pidiendo permiso a Lagarde ante cada párrafo del anuncio, con la bandera argentina atrás, queriendo darle un toque de argentinidad en el que nadie creyó.
Los principios de Macri son parecidos a los de Groucho Marx: si al interlocutor no les gustan, les presenta en el acto otros bien diferentes. Para el presidente, Luis Caputo era un Messi de las finanzas, pero como hubo diferencias de criterios con Lagarde y los tecnócratas fondomonetaristas, aquél fue eyectado del Central. De jugar en la Champions League, diría Marcos Peña, pasó a ser considerado como un picapiedra de Cambaceres, sin ofender a éstos.
Si ante los requerimientos del FMI el mandatario es capaz de despedir y maltratar a un íntimo como Caputo, imagínense si va a sentir algún remordimiento por sus políticas de ajuste que llevan despedidos 82 mil trabajadores en el ámbito privado y 50.000 en el público.
Ningún remordimiento. Como insistió en su último mensaje: admite la existencia de problemas, pero piensa seguir por el mismo camino. Es obvio que aquellos saldos inhumanos se van a agrandar.
El problema de los argentinos no es, por supuesto, que hayan entregado la cabeza de Caputo. Eso en todo caso sirve para alimentar los fuegos ya encendidos de la interna del oficialismo, entre los que congeniaban con el mesadinerista y los que no. El fortalecido en lo inmediato es Dujovne. Ahora concentra más poder como ministro de Hacienda, con manejo del Banco Central mediante su subordinado Guido Sandleris y el canal de diálogo de “tú a tú” con Lagarde.

Un dibujo ajeno.
Ese fortalecimiento de Dujovne es un dato de la mediocridad imperante. Es un hombre de no demasiadas luces ni antecedentes, excolaborador de Carlos Pagni en un programa televisivo y con el grueso de su plata afuera. Ahora es el superministro macrista después de haber estado al borde del despido en el último reacomodamiento ministerial.
La propaganda de los viajeros a Nueva York, para atacar a Venezuela en la Asamblea General de la ONU, y sobre todo para la foto con Lagarde en el consulado argentino en aquella ciudad, hace hincapié en los millones de dólares que recibirá el país.
En realidad, en cuanto al monto son apenas 7.100 millones más de los 50.000 anunciados en la firma del 20 de junio. La gran ayuda para la nave macrista en llamas es que se adelantarán giros para 2018 (14.000 millones) y 2019 (23.000 millones). Si fuera por esos números, querría decir que se suspende por un tiempo el espectro de una probable caída en default del país por no poder afrontar los vencimientos de sus deudas.
Leído en clave electoral, que debe ser lo que más interesa al presidente, esos desembolsos del FMI podrían ponerle un paracaídas a su brutal caída de imagen en 2019, el año electoral. Después Dios proveerá…
¿Tendrá éxito esa maniobra política a babucha de un superendeudamiento tan poco patriótico? Todo es relativo. A dos días de esos anuncios seudo tranquilizadores, el dólar volvió a rozar los 42 pesos, tres pesos más arriba.
Las lluvias de inversiones nunca concretadas seguirán en el mismo compás de espera. Wall Street y las calificadoras de riesgo como Moody´s mantienen serias dudas sobre qué sobrevendrá en Argentina ahora y en el 2019, elecciones de por medio.
Además, aún cuando los millones del préstamo ingresaran a la caja “argentina”, serían un caudal muy parecido al de los millones que se fugan del país. En los tres meses que Caputo estuvo al frente del Central, dilapidó casi 15.000 millones de dólares lidiando con su cotización, pero tras vender esa cantidad la fuga de capitales la igualó.
Y no se piensa en un aumento de la economía argentina porque caerá este año y también el próximo, hasta lo admite el dibujo presupuestario. Las exportaciones pueden aumentar, sobre todo las del campo, pero la fecha de liquidación de esas divisas no es algo que decida Dujovne sino la Suciedad Rural.
A propósito de la entidad que se considera rectora del agro, días atrás votaron por primera vez en 28 años para elegir su comisión directiva, y sobre un total de 2.500 socios votaron ¡sólo 1.300! Un caso patente de escasa representatividad dentro del campo y más aún a nivel país, más allá de lo que digan como dueños del país desde Palermo, la “tribuna de doctrina” y Expoagro.
Dujovne y los directivos del Fondo Alejandro Werner y Roberto Cardarelli redactaron el Presupuesto 2019, con el visto bueno de Macri y sobre todo de Lagarde. La clave del ajuste es la meta compartida por unos y otros de llevar a cero el déficit fiscal primario el año próximo. Eso supone bajar el gasto público, salarios y jubilaciones, recortar partidas presupuestarias a Educación, las 57 universidades y las provincias, en salud, ciencia y técnica, etcétera.

¿Qué hacer?
Todo lo que se ahorre de ese modo irá a pagar la inmensa deuda externa, que ya alcanza al 82 por ciento del producto, con un dólar a 38 pesos y a fin de año será del 100 o más.
Otra forma de medir el carácter poco argentino del proyecto de Presupuesto es que hasta ahora el pago de intereses de la deuda externa significaba el 7,7 por ciento del gasto público. En el dibujo foráneo presentado por Dujovne en la Comisión de Diputados ese ítem sube al 14,9 por ciento del gasto total.
Dejando de lado números y tecnicismos, lo más grave son las consecuencias directas de estas políticas neoliberales sobre el cuerpo social de la Nación, sobre todo los trabajadores y otros sectores populares.
En estos días se supo que en la provincia de Santa Fe el relevamiento de fábricas cerradas dio 260 persianas bajadas. En Córdoba hay 40 empresas con procedimiento preventivo de crisis y miles de suspensiones en las tres mayores automotrices. Mismo procedimiento en Flecha Bus, de colectivos, con 2.000 trabajadores. Cierran fábricas de muebles, de calzado como Gaelle, Alpargatas y Calzados Catamarca, textiles, laboratorios como Roux Ocefa con 420 despidos, etcétera.
La falta total de sensibilidad gubernamental se demuestra en la eliminación de pensiones por discapacidad, al margen de las caritas de buena que pone la ministra Carolina Stanley, imitadora en esto de María E. Vidal.
El 24 de octubre es una fecha importante porque ese día Diputados comenzaría a debatir el Presupuesto fondomonetarista. El ministro Rogelio Frigerio sigue intentando atraer a los gobernadores, sobre todo a los del palo justicialista, para que den el visto bueno al proyecto e incidan en los legisladores de sus distritos para que levanten la mano.
El gobierno confía en lograr esa adhesión, basándose en dos razones.
La principal es el palo y zanahoria de amenazar con cortar más las transferencias a las provincias, en el caso que los gobernadores se pongan en díscolos.
La otra confianza surge de la experiencia de estos años, cuando buena parte del peronismo, con la excepción del kirchnerismo, accedió a votar leyes fundamentales de Cambiemos con el argumento de la “institucionalidad”.
¿Será así esta vez?
No se lo puede asegurar. Puede ser, porque en ese espectro peronista también hay abundancia de los Groucho Marx, oportunistas hasta la médula.
De todos modos, el Presupuesto puede naufragar también por dos causas.
Una. Su confección fondomonetarista puede provocar más paros y manifestaciones de protesta ante el Congreso. Como se adelantó acá, el cuarto paro general no será el último.
Otra. Ese peronismo pejotista ha tomado nota de la crisis de Cambiemos y olfatea la posibilidad de ser gobierno en 2019. En consecuencia, hoy critica y toma más distancia del oficialismo que cuando le votaba los presupuestos anteriores, el pago a los “fondos buitres” y el blanqueo disfrazado de reparación histórica a los jubilados.
La bancada de Cambiemos tiene el Sí fácil y el kirchnerismo votará el No. Resta saber qué hará el desafinado Cuarteto “Los oportunistas” integrado por Sergio Massa, Juan M. Urtubey, Juan Schiaretti y Miguel Pichetto. Posiblemente ni ellos lo sepan. Sólo saben que odian más a Cristina que a Mauricio.