Una máquina de fabricar pobres

Ni pobreza cero, ni eliminación de Ganancias a los trabajadores, ni jubilaciones actualizadas, ni bajar la inflación. Las promesas electorales más caras a los asalariados, los jubilados y los más humildes hoy son cartón pintado. Ninguna de ellas se volvió realidad en casi tres años de gestión del macrismo, antes bien, hoy son pálidos espejismos de aquellos rutilantes anuncios duranbarbescos lanzados entre bailecitos y globos de colores.
Aun con los números poco fiables del Indec es imposible negar que la pobreza aumentó. Recordemos que el toqueteo estadístico -que no finalizó con la llegada del macrismo- se tradujo en un apagón del Indec en el primer semestre de 2016 para, al terminar ese año, inflar el nivel de pobreza hasta el 32 por ciento con el evidente propósito de mostrar una “reducción” al año siguiente.
Pero hoy esas estrategias marketineras ya no alcanzan. Nadie en su sano juicio puede afirmar que con el macrismo la pobreza bajó en relación al gobierno anterior. Son muchas, demasiadas, las variables de la economía que muestran el aumento de los pobres e indigentes. El incremento brutal de la desocupación es una de las principales. Pero no la única. El desmadre de la inflación es otra trituradora de bolsillos. Este gobierno que prometió que “la inflación no va a ser un problema” no sabe como contenerla y la ha desatado a niveles muy superiores a los que se veían hasta 2015.
Ante semejante descalabro los más perjudicados son los sectores medios y bajos, los que no tienen amigos en un gobierno que solo atiende el reclamo de los más ricos. Todas y cada una de las medidas que adoptó Cambiemos apuntó en el mismo sentido: beneficiar a los que están en la cima de la pirámide social y desentenderse del resto. Por eso el Presidente de la Nación cuando debe hacer un anuncio ante las cámaras de TV solo atina a decir que “no quisiera dar estas noticias” y atribuye a un fenómeno meteorológico el derrumbe de la economía del país. Ya ni siquiera realiza conferencias de prensa, solo entrevistas con periodistas extranjeros o argentinos que no formulan preguntas molestas. Aquel mundo de ficción creado por la gigantesca maquinaria propagandística que nos hacía creer que volvíamos al mundo, se eliminaría la pobreza y la inflación, y las inversiones llegarían al país para comenzar una etapa de desarrollo y prosperidad sin fin se derrumbó como un castillo de naipes. Ahora el Presidente no solo debe admitir que la pobreza aumentó sino que nos anticipa que va a seguir creciendo. De su promesa de campaña, ni una palabra.
Lo cierto es que la pobreza y la indigencia crecen a la vista de todos. Es imposible no verla porque está en la calle, en las escuelas, en los comedores barriales… Ni siquiera hace falta el dato maquillado del Indec para percibirla. Mientras tanto el de Cambiemos pasó a ser el gobierno que más dinero recibió del Fondo Monetario Internacional en la historia argentina. La dramática paradoja es que ni uno de esos dólares irá a frenar este flagelo social sino a engordar los bolsillos de los especuladores financieros que hoy volvieron para vampirizar este país y su gente.