Una moda que incomoda a algunos y beneficia a otros

DOMINICALES

En playas de Europa, Medio Oriente y lugares de África se ha presentado en esta temporada una moda que ha sido bien acogida por mujeres árabes y que incomoda a quienes o se sienten con impulsos redentores en favor de dichas damas o se declaran agredidos por la presencia de lo árabe y dan paso a pulsiones de xenofobia.
Días pasados, en la playa de una población llamada Sisco, en la isla de Córcega, que es francesa (allí nació Napoleón), hubo enfrentamientos violentos entre personas de origen magrebí y vecinos de lugar. Las hostilidades estallaron cuando se vio que mujeres magrebíes (por su origen en el Magreb, nombre de la parte occidental del mundo árabe), musulmanas ellas, estaban en la playa vestidas con la burkini, un traje de baño que les cubre casi todo el cuerpo.
Ocultar el cuerpo femenino y el rostro es una tradición de ciertas tendencias religiosas de los musulmanes, principalmente árabes. Esto ha motivado que las mujeres de ese origen y religión que viven en Europa, hallen en esta ropa la oportunidad que antes se les negaba para disfrutar de la playa. En Cannes y otros lugares de la Costa Azul se ha prohibido el uso de la burkini. En cambio, ha sido admitido en Alemania y en Noruega.
Conviene tener presente, para entender cuál es el problema, que la vestimenta de la mujer árabe ha atraído ahora el interés de las marcas de ropa, algunas de ellas con sello mundial y varias también multinacionales, luego de haber estimado que el mercado potencial es de millares de millones de dólares. Tales empresas no tienen más ley que la del mercado y por lo que se aprecia han ingresado con fuerza en él, sobre todo este año. Para la mujer árabe, la burkini, si bien les cubre casi por completo el cuerpo y parte del rostro, tiene un aire de elegancia que insinúa bien la forma femenina y esto hace que estas damas y damiselas puedan acatar el mandato religioso sin perderse el gusto de disfrutar de la playa (sin gastar en cremas que protegen de los rayos solares). Las fotos que se han divulgado, muestran que tal ropaje no les quita capacidad de atracción cuando la tienen.
Los periodistas que comentan la actualidad se muestran vacilantes en acompañar a quienes repudian esas presencias en las playas europeas. Uno de ellos, el argentino Eduardo Febbro (que publica aquí en Página/12), dice que la “moda púdica” cuenta con tantos partidarios como adversarios. Consigna que en 2013 las musulmanas gastaron 266 mil millones de dólares en ropa y calzado y que se prevé que en 2019 se llegará a los 500 mil millones. Febbro ve en estos incidentes playeros otro aspecto de la lucha anti musulmana, o sea que expresaría el momento europeo, en un punto en que se confunde el interés por la seguridad propia (ante el terrorismo) con el rechazo de lo diferente.

Satélite.
China ha lanzado el primer satélite de comunicación “cuántica” en procura de disponer de un sistema de comunicaciones a prueba de filtraciones (a prueba de hackers).
El artefacto de llama Micius, en homenaje a un chino que, unos 500 años antes de J.C., realizó las primeras investigaciones ópticas. El informe dado por China dice que es una misión de dos años “para desarrollar comunicaciones cuánticas a prueba de filtraciones”. Al parecer, la velocidad de la operación cuántica frustraría tales filtraciones y garantizaría el secreto de las comunicaciones de importancia militar.

“El” libro.
Ha aparecido la VII edición de Biología, un libro que da cuenta del estado de esta ciencia, cuya primera edición se debió a la norteamericana Helena Curtis y que se reedita periódicamente, ahora a cargo (cada edición) de investigadoras que han ganado un concurso.
Esta VII edición ha estado a cargo de las argentinas Alicia Massarini y Adriana Schnek. Se titula Biología en contexto social.
Las autoras no solamente actualizan el estado de la ciencia: también hacen una historia de la vida desde sus comienzos y proponen “conocer el modo en que se produce, reproduce y resignifica la ciencia”. Asignan importancia al contexto social porque (según dicen en una nota de Pablo Esteban) la ciencia debe abandonar su tendencia a convertirse en un espacio de autoridad, con presunta neutralidad, universalidad y objetividad. Para las autoras es una herramienta más, no la única ni la superior. Una herramienta para pensar, intervenir y transformar la realidad. Y debe poder comunicarse al universo social.
Jotavé

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