Una Pampa sin viviendas ni Atuel

LA SEMANA PAMPEANA

I – En la semana los pampeanos tuvieron oportunidad de vislumbrar cuáles son los planes que, para la provincia, se cocinan en la alianza que aspira a desplazar la larga hegemonía justicialista y gobernar los destinos de La Pampa. Se trata de dos temas que calan hondo en la sociedad pampeana: la intervención del Estado en la solución de los problemas habitacionales de las nuevas generaciones y la lucha que desde el siglo pasado une a los pampeanos por la recuperación de los recursos hídricos negados a nuestro territorio. Son, puede decirse, dos áreas donde existe un tácito consenso que atraviesa partidos. Todos los partidos que gobernaron el país, coincidieron hasta la llegada del macrismo, que el derecho constitucional de acceso a la vivienda digna obliga al Estado a promover políticas activas de acceso a los sectores más vulnerables, los asalariados y aún a las clases medias. Así fue que el ritmo de construcción de esos planes fue, en La Pampa, de unas dos mil viviendas por año, con años que superaron largamente ese número. La financiación nacional de estos planes más el aporte de la provincia y el recupero de las cuotas le dio así a las familias pampeanas un horizonte de acceso habitacional.

II – La llegada del macrismo al poder en diciembre de 2015, interrumpió esa obligación constitucional del Estado y, en el caso de La Pampa, debió sufrir el ensañamiento por motivos partidarios del gobierno nacional que interrumpió la construcción de nuevos planes de viviendas, elevando así a niveles nunca antes vistos el déficit habitacional en la provincia. Ese futuro negro para las familias que tienen negado de otra forma el acceso a su vivienda familiar ya está presente en nuestra provincia y así lo advirtió el gobernador en un acto de entrega de casas sociales. “Con el macrismo no habrá nuevos planes de viviendas sociales”, dijo el mandatario en la ciudad que lo tuvo como intendente y que hoy aparece como uno de los objetivos del macrismo, cuyos candidatos o postulantes a serlo omiten cuidadosamente tocar el tema y eluden su responsabilidad política al callar ante la gravedad del problema.

III – Pero si los candidatos de la alianza opositora callan en relación al boicot de viviendas sociales que sufren los pampeanos por parte del macrismo, en la semana hubo ocasión de escuchar, de manera explícita, cómo piensan en relación a nuestros recursos hídricos quienes quieren gobernar la provincia a partir del año próximo. De boca de Carlos Mac Allister, uno de sus líderes más conspicuos y pretenso candidato a gobernador, se oyó un llamado a la resignación en relación a la lucha por las aguas del Atuel y la justificación de la posición mendocina y su raquítica propuesta de enviar un metros cúbicos de agua salada para conformarnos. Este discurso derrotista y entreguista repugna a la sociedad pampeana que hace décadas pelea por el reconocimiento de nuestro derecho al agua que ha tenido, nada menos, el apoyo del Tribunal Latinoamericano del Agua y de la propia Corte Suprema. Semejante discurso hace ruido también al interior de la alianza. Los socios radicales del “Colo” han tenido siempre una posición clara de defensa de los recursos hídricos y han sido muchos de sus dirigentes pioneros en esa lucha. Curiosamente, no hubo dentro de esa fracción política quien sintiera la necesidad de salir al cruce de un discurso tan contrario al interés pampeano.

IV – No fueron los únicos temas que en la semana pusieron a los pampeanos de frente a una gestión política que se desinteresa, si no ataca, el interés público. La caída del consumo eléctrico en Santa Rosa-Toay y el resto de las localidades interconectadas de la CPE (en rigor casi la mitad de la población de La Pampa) marcó claramente el achicamiento que padecen todos los sectores de la población. Un derrumbe semejante, de acuerdo a los datos que suministró la propia cooperativa, no se veía desde la crisis del 2001. Pero no fue el único indicador del ataque económico que sufre la población con el macrismo: la venta de automotores cayó 40 por ciento y los planes de ahorro a la mitad, sumado a una morosidad que asciende al nivel record del 70 por ciento en esta modalidad de compra de cero kilómetro en cuotas. Igual suerte corrió la industria pyme que volvió a caer 7,6 por ciento, sumando cinco meses de disminución de la actividad.

V – (Si a esto, que ocurrió en el corto lapso de la semana que concluye, se le suma el triunfo de Bolsonaro en Brasil y la condena que su futura administración significará al motor económico regional que significaba el Mercosur, no hay forma de pensar la realidad pampeana ni argentina en términos positivos. La engañosa y artificial baja del dólar, que por estos días tranquiliza mercados, solo es un resorte que acumula presión y que, tarde o temprano, como ya ocurrió hace semanas, saltará por los aires, llevándose una parte del salario, del comercio, de la actividad productiva a manos de los que lucran con la timba financiera en que han convertido al país). (LVS)