Una planta industrial en el “lejano oeste”

La inminente puesta en marcha de la refinería de petróleo pampeana es una buena noticia para toda la provincia. En principio porque es un avance a favor de una vieja idea que es, a la vez, una vieja deuda de las sucesivas gestiones de gobierno: añadir valor agregado a la producción de materias primas, en este caso hidrocarburos. Pero también porque implica que la empresa local Pampetrol comenzará a incursionar en otro segmento de la cadena petrolera luego de sus incipientes primeros pasos en materia de exploración y explotación en algunos bloques provinciales.
Además, constituye un avance significativo para el postergado sudoeste pampeano. Aquella región, tan alejada de la capital provincial como de la zona agropecuaria más próspera, siempre sufrió su condición de “lejano oeste”. Hace décadas que se extraen ingentes riquezas naturales de su subsuelo pero éstas, hasta ahora, tienen como destino otra provincia para añadir valor y generar todo los beneficios que la actividad industrial desarrolla a su alrededor.
Una planta de estas características, en su finalidad específica de procesar hidrocarburos, demanda puestos de trabajo calificados, y éste es un aspecto no menor. Que esta fuente de empleo altamente especializado se erija en la zona veinticinqueña y no en el este privilegiado es un plus de valor que no debe desdeñarse. La mayoría de las gestiones de gobierno de las últimas décadas no siempre apostaron a conseguir un equilibrio entre las diversas regiones de la provincia. En verdad, los “polos de desarrollo” -si se pueden llamar así a los modestos intentos domésticos- han estado concentrados en algunos pocos puntos de nuestro territorio y generaron notables asimetrías en la geografía pampeana. Todavía se recuerda aquel pomposo título que una gestión acuñó hace más de veinte años: “el sol sale por el oeste” que no pasó de una expresión de deseos, un eslogan publicitario sin contacto con la realidad.
La apuesta industrial es la única que permitirá a esta provincia superar el limitado destino de una economía pastoril, que resigna sus aspiraciones a la producción de materias primas en bruto y sin elaboración. Mucho se ha hablado del tema pero pocos fueron los avances visibles en las últimas décadas. Hoy comienzan a aparecer algunas luces que, todavía tímidamente, permiten mirar el horizonte con mayor optimismo.
Urge modificar la fisonomía económica de la provincia para superar, y reforzar, sus conocidas fortalezas básicas: una sólida producción agropecuaria en el este, la extracción de hidrocarburos en el oeste y tierras aptas para poner en producción bajo riego en la ribera norte del río Colorado. El principal desafío es no conformarse con la mera etapa recolectora de frutos de la tierra sino ampliar los horizontes a la transformación industrial que añade valor, genera empleo de calidad y evita la diáspora de los jóvenes que no encuentran aquí futuro para sus sueños. Este es el nudo que hay que desatar. De ahí que esta nueva planta industrial para refinar en nuestra provincia el petróleo que se extrae del subsuelo pampeano constituya un logro digno de destacar.

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