Una postal de las dos argentinas

El contraste no pudo ser más drástico. Apenas cinco cuadras separaron la opulencia del foro empresarial que sesionó en el Centro Cultural Kirchner de la necesidad extrema de tantas personas que pasan penurias que se agolparon ante los camiones del denominado “verdurazo”. Ocurrió el miércoles en la ciudad de Buenos Aires y pareció una metáfora del país de nuestros días.
La alianza Cambiemos llegó para provocar un cambio drástico en las relaciones sociales, de ahí su necesidad de confrontar, agraviar, degradar al kirchnerismo como una forma de justificar sus políticas. Todo lo que tuvo el gobierno anterior de inclusión social, éste lo está destruyendo a paso redoblado; aquellas pretensiones de lograr una sociedad más equitativa se abandonaron para virar a un modelo de ganadores y perdedores; la redistribución de la riqueza que bajo el kirchnerismo redujo el índice de Gini hoy está corriendo velozmente en sentido contrario como lo determinó un reciente estudio económico; los trabajadores dejaron de salir a la calle a manifestarse contra el Impuesto a las Ganancias como en tiempos del kirchnerismo para hacerlo ahora contra los despidos y la pérdida de sus niveles salariales en paritarias que quedaron muy rezagadas con respecto a la inflación.
La oposición de los dos modelos de país -el que planteó el kirchnerismo y el que vino a instaurar el macrismo- se transparenta todos los días con la mayor conflictividad social promovida por los sectores populares y, en el otro extremo, por el festejo de los pocos pero poderosos beneficiados por los obsequios del macrismo. Unos debieron tomar la calle para manifestarse, los otros tienen a su favor los grandes medios de comunicación.
Hasta en el propio CCK se jugó la antítesis macrismo-kirchnerismo. Ese sitio fue emblema de una apuesta cultural inclusiva con su imponente sala de conciertos abierta a toda la sociedad, sin las diferenciaciones habituales en el por lo general excluyente y elitista mundo del arte. Hoy ese majestuoso centro de la cultura fue resignificado por el macrismo al concentrar allí las deliberaciones del foro empresario. Al encuentro asistieron los hombres de negocios más poderosos del mundo y del país para deliberar con los funcionarios del gobierno nacional y personalidades afines. Se vieron muy pocos dirigentes y gobernantes de la oposición.
Ese mundo de los poderosos, de los que “no piden permiso”, contrastó dolorosamente con lo que en ese mismo momento sucedía en la Plaza de Mayo. Allí, pequeños productores hortícolas, que no son recibidos por el gobierno, que no cuentan a la hora de las decisiones económicas, resolvieron protestar regalando su producción. Y encontraron miles de argentinos que mostraron su estado de necesidad agolpándose para recibir un pequeño atado de verduras. Muchos habían viajado horas desde el conurbano para poder acceder a alimentos que ya dejaron de consumir por la brutal disparada de los precios.
Esta cruel postal de la nueva Argentina habla con elocuencia del “cambio” que llegó al país y de sus dolorosas consecuencias.

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