Una aventura egipcia en un planeta del dominio del Sol

DOMINICALES

El descenso del módulo Philae en la superficie de un cometa que orbita en torno del Sol, se realizó de conformidad con lo previsto.
El módulo o robot era parte de lo que transportó la sonda espacial Rosetta, que permanece a poca distancia del cometa con sus propio instrumental activado. Todos los datos serán transmitidos desde allí a la Tierra y asignados a cada equipo de investigación. El análisis de estos datos llevará los años de hasta tres generaciones de investigadores.
Rosetta viajó durante más de diez años por el espacio exterior, luego de su lanzamiento desde la Guayana Francesa. Si bien hizo pausas para recibir impulsos físicos desde los planetas Tierra y Marte, la sonda recorrió 6.400 millones de kilómetros desde su punto de partida hasta llegar al sitio por donde debía pasar el cometa 67P y lanzar el módulo hacia la difícil superficie de este cuerpo astral, del que se supone (como del conjunto de los cometas que quedaron prisioneros en el sistema solar) que se conserva básicamente como en el momento en que se formó el sistema solar y que durante milenios creímos, los hombres, que era todo el mundo. Ahora, cuando ya sabemos dónde estamos y vamos tomando conciencia del modestísimo papel estelar que tiene nuestro soporte (pues la Tierra nos soporta, mal que le pese), sabemos mucho si nos medimos con respecto al pasado y casi nada si consideramos lo que tratamos de saber para ver si podremos seguir entendiendo.

Hazaña
La palabra hazaña no tiene ahora la fuerza que tuvo inicialmente, pero sigue siendo útil para avisar que estamos frente a un acontecimiento de relieve. Quiero decir que el uso abusivo de este vocablo obliga ahora a pedir datos complementarios para tener una idea de la importancia real del hecho.
La Rosetta da cuenta de una hazaña cabal, cuya magnitud se irá revelando a medida que se reciban datos y se los interprete. Ya es hazañoso el hecho de su lanzamiento y de su fabuloso viaje por espacios inexplorados, con llegada al objetivo con entera precisión. Esto ha sido posible por la suma de conocimientos acumulados acerca del sistema solar y el universo desde la invención del telescopio, pero también con el proceso que hizo posible inventar este instrumento de observación y perfeccionarlo incesantemente, hasta el momento de poner telescopios en el espacio exterior (desde el Hubble, hoy también acompañado por nuevas criaturas). Cuando se dice que “avanzamos a hombros de un gigante” aludimos, precisamente a la construcción levantada a partir de que un primer individuo humano se preguntó por qué. La Rosetta es una criatura de la Agencia Espacial Europea, la cual, a su vez, distribuyó la tarea entre numerosos equipos de científicos de los países avanzados en estos estudios y solicitó el aporte de la tecnología existente o de su apresurada actualización para crear los ingenios que posibilitaron la ejecución del proyecto. Aparte de que hubo que juntar unos dinerillos en tiempos de severa crisis económica.

Réditos
Se dice que la ciencia es desinteresada. Y lo es un más de un sentido, pero todo hallazgo científico se ha traducido luego en desarrollos tecnológicos e industriales que representan valores pecuniarios significativos. En el caso de este proyecto, el rédito inicial es el prestigio de los investigadores (algo moral y también material) y luego el de los países que han podido proveer personas y capacidad industrial para producir los complejos aparatos que fueron equipaje de la sonda, aparte de la sonda misma y de la determinación de su trayectoria, su capacidad para “alimentarse” en el viaje (de la gravitación entre otras energías naturales), llegar al punto exacto de su cita con el cometa y, desde ese momento, para ubicar el módulo en una superficie difícil, para ordenar todo y recibir y transmitir los datos hasta los centros distribuidos en Europa. Desde antes de la partida de la Rosetta se hicieron cálculos monetarios y se llegó a estimar que, en caso de tener éxito, cada euro invertido se convertirá en un suma de entre 11 y 20 euros, por el retorno industrial de los nuevos conocimientos.
Esta singular aventura científica (un viaje que duró poco más de la mitad que el del mítico Odiseo o Ulises) no será contada como un mito, aunque su relación con el mito es inocultable, incluso por el nombre elegido para la sonda y el módulo, entre otros. Rosetta nos remite a la piedra que permitió descifrar la lengua del Egipto de los faraones, en tanto que el módulo Philae tomó el nombre de una isla de Egipto que quedó bajo las aguas de la represa de Asuán, luego de que fueran trasladados importantes testimonios de la etapa faraónica. Todo está ligado con todo.
Jotavé