Una carta de 26 damas que objetan el celibato

Señor Director:
El diario La Stampa, de Turín, dio a publicidad una carta dirigida al papa con la firma de 26 mujeres italianas que se declaran enamoradas de sacerdotes del culto católico y objetan la obligatoriedad del celibato.
Muy en confianza, dicen: “Querido papa Francisco… cada una de nosotras ha vivido, está viviendo o quisiera vivir una relación de amor con un sacerdote…y muchas más están obligadas a callar”.
Lo que comunican no es novedad. El papa Francisco ha podido conocer casos en la Argentina y, de modo sobresaliente, el del obispo Podestá, que renunció a su condición sacerdotal y se casó. El propio Bergoglio le brindó su asistencia sacerdotal, personalmente, cuando Podestá enfermó y murió. Ahora en el papado, debe definir la política a seguir en los escándalos de pederastia denunciados en el pasado siglo y en lo que va del presente.
Las mujeres firmantes de la carta han querido que tenga trascendencia pública (no es imaginable que la fuente sea el propio Vaticano). De este modo ellas se suman a las expresiones contra el celibato que han recrudecido en las últimas décadas. Los historiadores han permitido recordar que no existió durante los primeros siglos del cristianismo y que recién se formalizó como condición excluyente en el siglo XVI (en el concilio de Trento, 1545-1565), aunque se registran intentos anteriores. Algunos dicen que, aparte de las motivaciones de su propia historia (incluyendo el “creced y multiplicaos”) influyó en esa decisión del concilio el hecho de que la Reforma, que se acababa de producir, no estableció el celibato y el propio Lutero casó con una monja. Otra motivación, mencionada por algunos historiadores, fue la de las herencias: los sacerdotes casados solían acumular bienes importantes (sobre todo si tenían jurisdicción en territorio rico o parroquia en barrio rico) y sus descendientes litigaban por la herencia, llegando a reclamar el cargo del extinto, que era una importante fuente de ingresos. Algunos escándalos sexuales de los siglos sin celibato, también son mencionados. Hay quienes dan por cierto que influyó el caso de los anacoretas, del budismo, pues estos monjes del desierto fueron imitados por sacerdotes cristianos.
En verdad el tema del celibato es incluso anterior al cristianismo y no se plantea solamente en el campo religioso. El significado de esta voz aplica a los religiosos que no se casan, pero aparece también en el campo civil y en todas las situaciones del existir. De los griegos clásicos se conocen decisiones personales de hombres importantes (Platón, Sócrates, entre los más notables) por entender que al casarse o relacionarse sexualmente con la mujer, surgen compromisos hacia ella o cada una de ellas, hacia la descendencia y hacia la sociedad. En lugar de dedicarse a la investigación, al pensamiento, incluyendo la meditación trascendental, el varón se compromete con lo mundanal, se distrae. En la mujer se ha dado la misma situación. Sin embargo, en los casos de los griegos clásicos y de mujeres de la misma época, surge el detalle de que esos griegos aceptaban el ejercicio de la pederastia y queda por saberse, en cada caso, si la persona que tomó tal decisión tenía el sexo que aparentaba, pues ahora tenemos claro un panorama de diversidad sexual que incluye ya la aceptación del matrimonio entre seres cuya apariencia exterior es pertenecer al mismo sexo. No hay dos sexos, sino una cadena de alternativas, de la cual los individuos no son responsables, ya que “nacieron así”. Puede haber casos en los que la opción por el celibato se origine en no tener las mismas pulsiones.
El celibato puede ser una forma de opción libre, no sólo por eso de “solterito buena vida, dueño de su voluntad”, sino porque se aspira a una forma de vida que ciertos individuos reconocen como superior. O, como en el sacerdocio, como consagración a una empresa trascendente.
Atentamente:
JOTAVE