Una cuenca saqueada

El reciente caso de un desvío de caudales en el alto valle del río Atuel, en pleno territorio mendocino, volvió a poner sobre la mesa, y con la fuerza de los hechos, la necesidad de una concepción integral de la cuenca en cuanto a la integración de los estados copartícipes. Aparece como absolutamente absurdo que un río interprovincial (condición probada hasta el cansancio por la realidad y avalada por un dictamen de la Corte Suprema de Justicia de la Nación) esté al arbitrio de una sola de las provincias que atraviesa.
Hay que reconocer que parte de la culpa de esa situación le corresponde a nuestra provincia, que en su momento aceptó cándidamente la creación de la Comisión Interprovincial del Atuel Inferior, una entidad biprovincial que no sirvió para nada en sus décadas de existencia. Se cae de maduro que un comité de cuenca es la herramienta que dictan el sentido común y las más modernas concepciones técnico-jurídicas en la materia. Cualquier otro modo permite situaciones tan absurdas como la que se plantea, donde presumiblemente un caudal equivalente al que le corresponde a nuestra provincia (y que Mendoza nunca entregó) se desvía sin que se informen sus causas.
En su ya conocida política hídrica del palo y la zanahoria, Mendoza no quiere ni oír hablar de aquel concepto, prácticamente imprescindible para alcanzar un funcionamiento cabal y armónico de la cuenca. Nuestra provincia, siguiendo un camino políticamente incomprensible, continúa en el juego de las “negociaciones” que, en la última década, no han conducido absolutamente a nada más que a sucesivas postergaciones y promesas, en sintonía con la vieja táctica de los cuyanos.