Una interdependencia que no hace más que crecer

Señor Director:
El título se debe a que en el comienzo de esta semana tuvo resonancia un hecho interno de un partido político del Reino Unido.
El partido político es el laborista, cuyo esquema ideológico es la socialdemocracia, en la versión que predominó hasta gran parte del siglo pasado.
Esta agrupación ha estado moviéndose hacia el centro, aquí y en Europa. El hecho ha sido más sensible en el viejo continente, porque allá el socialismo ha sido gobierno en las principales naciones: Gran Bretaña con el laborismo, Francia, España, Portugal y Alemania (entre otros, en años de la República de Weimar). La pérdida de presencia del comunismo luego del derrumbe de la URSS dio más presencia a la socialdemocracia. Recuérdese que al término de la II Guerra (1939) el laborismo inglés ganó el gobierno del Reino Unido, derrotando a los tories (conservadores) no obstante el inmenso prestigio logrado por Churchill en la II Guerra.
En mis años de militancia socialista puse mi atención en el laborismo porque si bien recibíamos mucha influencia de los socialismos de España y Francia, el sector dirigente de nuestro socialismo seguía muy atentamente la línea fundadora del Labour Party, en particular por la Sociedad Fabiana como núcleo de ideas y los sindicatos como capacidad militante y fuerza electoral. Cuando se dio el fenómeno peronista, en la década de los 40, fue notable el proceso de trasvasamiento que soportó el socialismo, al tiempo que la dirigencia optaba preferentemente por correrse hacia el centro, con un perfil antiperonista muy definido. Esto provocó luego sucesivas divisiones del partido fundado por Juan B. Justo, situación que perdura hasta nuestros días.
La novedad en el laborismo es que, luego de su fuerte derrota en la última elección ante la derecha, ha elegido nuevo conductor, recayendo el relevo en Jeremy Corbyn, quien procura acentuar la línea de izquierda y se instala en los tiempos de Clement Attlee y sucesores, cuando el partido inició el proceso de nacionalización, socialización y abaratamiento de servicios (salud pública, principalmente). Corbyn habla de nacionalizar los ferrocarriles y los servicios de gas y electricidad. Se opuso resueltamente a la guerra contra Irak, apoyada por el gobierno laborista de Tony Blair (este Blair pidió ahora no votar a Corbyn, diciendo que sería un “acto demencial”). Se destaca que, con el nuevo líder, el Laborismo recibe “una oleada” de nuevas afiliaciones.
La resonancia europea de este cambio laborista se debe a que la defección de la socialdemocracia, al girar hacia el centro, dejó descubierto el flanco del centroizquierda y provocó dos fenómenos: el surgimiento de los Indignados (protesta sin partido) y de Podemos, Syriza y otros (protesta con partido político). Y el nacimiento de poderosos movimientos de ultraderecha en casi todas las naciones. Hoy visibles en su resistencia a aceptar a los migrantes.

Ecos
La elección de Corbyn repercutió en la Argentina y provocó una manifestación de la presidenta, en este caso porque Corbyn se ha declarado a favor del diálogo para resolver el problema de Malvinas.
En Europa occidental hace renacer la esperanza de un socialismo que enfrente el desarrollo neoliberal que tomó la Unión Europea desde los 90 y que ha dado fuerzas al eje USA-Alemania.
Estas resonancias confirman que vivimos en un mundo en el que los acontecimientos nacionales saltan las fronteras y se visibilizan como internacionales.

Costos
Ministros de Salud Pública de los países de la Unasur, reunidos en Chile, acordaron una acción mancomunada para enfrentar los costos que imponen las multinacionales a los medicamentos más caros (contra sida y otros males). Resolvieron crear un comité para negociar en conjunto ante esos laboratorios. Esto en lo inmediato, pero se exploran otras posibilidades.
Jotavé