Universidad y algunos de los desafíos de ayer y hoy

Señor Director:
He podido conocer uno de los libros que fueron presentados por la universidad nacional de nuestra provincia en la reciente Feria Internacional: el que se basa en las teleconferencias de Umberto Eco y Massimo Vedovelli, de 2014.
Dado que se trata de trabajos breves, la publicación incluye aportes de Jose Francisco Minetto y de María Silvia Di Liscia y Ana María T. Rodríguez, docentes de nuestra universidad, quienes se presentan como “compiladores”. Minetto también estuvo a cargo de la traducción de las disertaciones en italiano.
El libro me impresionó bien, sobre todo porque parto del recuerdo de lo que era posible hacer en los años en que fui docente de esa casa de estudios. Es un pequeño volumen con una impresión de calidad y un diseño y una diagramación creativos. Noté algunos descuidos que pasaron por alto detalles que pueden ser evitados con la tarea de un corrector, personaje éste que está siendo omitido con creciente frecuencia. Hay erratas y errores que no ve el autor sino alguien ajeno al quehacer creativo. Minetto se hace cargo de la presentación con reflexiones pertinentes que van instalando al lector en el pensamiento de Umberto Eco, en particular, en tanto que Di Liscia y Rodríguez elaboran un relato que titulan Universidades y migraciones y buscan instalar al lector en la historia de las casas de altos estudios desde su origen en occidente, su presencia en América y en La Pampa, para completar un marco que al lector le facilite la comprensión del ceñido texto de Eco y del problema que plantea a los grandes centros de altos estudios la concurrencia de alumnos de las más diversas procedencia. Éste es un rasgo que las universidades han tenido desde su origen y es, según expone Eco, parte esencial de su papel de ayer y de siempre: estar abiertas a la diversidad y desarrollar una cultura a la vez integradora y rupturista de estructuras y formas culturales que procuren condicionar su oferta.
En la recordada teleconferencia Umberto Eco propuso referirse a las funciones de la universidad en nuestros días y comenzó por recordar que desde 1088 estas casas no fueron una creación europea sino que ellas fueron creadoras de las condiciones para que la diversidad de grupos humanos instalados en el occidente continental, separados, enfrentados con frecuencia y aislados por la diversidad de sus lenguas, fueran generando puentes integradores que si bien inicialmente consolidaron las nacionalidades, siempre dejaron sentir que el objetivo final no es el encierro en fronteras de cualquier tipo, sino el paulatino reconocimiento de la unidad y la igualdad de nuestra especie. Este objetivo de integración de la humanidad sigue vigente con la propuesta implícita de avanzar hacia una forma de gobierno mundial aceptado y compartido. La universidad surge así como un centro que no acepta que haya puntos finales de desarrollo en cualquiera de los sentidos que se tome. El rasgo de lo humano, el dibujo de la trayectoria del hombre en su diáspora inicial hasta la ocupación total del planeta, comunica que no existe un punto de llegada sino ideales que dan perfil a un horizonte que nunca se deja alcanzar. En cuanto a los retos actuales, Eco se refiere al representado por Internet y pregunta si la caudalosa oferta de la web desalojará a las universidades. En este punto, el pensador y escritor italiano destaca que la oferta de información de la red necesita ser tamizada por quien acude a ella, y que esto es así porque el aprendizaje no ha consistido ni consiste en atiborrarse de información sino utilizarla como el elemento que da continuidad a la gesta del hombre en el planeta, la cual consiste en buscar e interpelar lo que se va logrando para que no se congele y anule la capacidad creadora.
Vale celebrar la iniciativa que trajo hasta aquí la voz de Eco y esta prolongación en un libro que tiene el mismo poder incitador.
Atentamente:
JOTAVE