Va tomando forma el dibujo político futuro

Señor Director:
Ya pasado un mes desde la instalación del nuevo gobierno nacional el paisaje político puede ser entendido, siquiera sea como tendencias.
En primer lugar, se trata de ver qué cambios y cuál es la profundidad de esos cambios que intenta establecer el nuevo gobierno y cómo se organizan quienes aspiran a la sucesión. El partido base del gobierno debe resolver su necesidad central, si es que pretende prolongarse en el tiempo, la cual consiste en ganar la territorialidad de que actualmente carece y que pudo suplir, con corto margen, con un sistema de alianzas que siempre están condicionadas a pretensiones que pueden imponer o defender los aliados. Puede pensarse que no se definirá explícitamente como un partido de derecha sino que, al menos en su etapa inicial, tratará de ocupar el espacio del centro, donde hay una cantidad de competidores, aunque solo uno de ellos con territorialidad (es decir, con estructura en gran parte del territorio). Me refiero al radicalismo y también al socialismo, que son las dos fuerzas que vienen de antes del peronismo. En la etapa peronista inicial el que sufrió mayor drenaje fue el socialismo, con una transferencia masiva de dirigentes y de seguidores. El mayor avance socialista de los últimos años se produjo en Santa Fe, pero el tercer período le resultó difícil de ganar porque su aliado radical hizo alianza también con el macrismo y éste quedó configurado como una fuerza que puede debilitar va su aliado.
El oponente real, para el nuevo oficialismo, es el peronismo. Por eso se observa que el macrismo opera sobre el ala derecha de este partido, cuya presencia en el gobierno desde 2003 a 2012 fue posible inicialmente por la profundidad de la crisis con que se despidieron los 90, por la calidad de su liderazgo (Néstor K y luego Cristina) y porque tuvo el acierto que presentarse con una nueva denominación, admitiendo la alianza de las llamadas fuerzas progresistas que, en parte al menos, habían acompañado a la presidencia de la Rúa con que se cerró la era noventista, iniciada por Menem (de extracción peronista) en 1989. Menem había generado una suerte de nueva derecha al aceptar e imponer políticas neoliberales y se recordará que creyó poder volver en 2003 y estuvo cerca de lograrlo (antecedente que debe tenerse en cuenta para comprender el éxito de la actual derecha en 2015). El Frente para la Victoria terminó siendo reconocido como kirchnerismo, porque parte de la derecha peronista permaneció afuera (el duhaldismo y algunas figuras dominantes en sus provincias). Además, los errores que se le van señalando al kirchnerismo (las causas de la ceñida derrota de 2015) incluyen no haber congeniado con todos sus gobernadores, porque éstos, en parte al menos, expresaban la resistencia potencial del interior al predominio del Litoral y porque tampoco abrió la posibilidad de ampliar la adhesión de todos los sectores progresistas. Confió más en la militancia juvenil y por eso la cadena de medios de prensa golpeó constantemente ahí. Esta cadena de medios no es solamente nacional; de hecho es una multinacional y un camino para que las multinacionales vayan haciéndose cargo de los gobiernos nacionales por medio de sus gerentes (los CEOs).
En cuanto al FpV, sus chances para 2017 (renovación legislativa) y 2019 están condicionadas por las tendencias opuestas: hacia el neoliberalismo y hacia la profundización de los cambios sociales (la política de inclusión). La tendencia más afín al neoliberalismo gobernante se hizo ver en la reunión de Massa con el gobernador de Salta y con el hasta hace poco titular de la Anses. Parece proponerse como una alternativa dentro de la tendencia del gobierno actual. La línea kirchnerista se muestra consistente en las plazas de protesta y tiene su posibilidad más aparente en una apertura mayor hacia el progresismo en general y sectores de la izquierda.
Atentamente:
Jotavé