Valor permanente y las valoraciones de ocasión

Señor Director:
Se hizo la audiencia en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Ahora se trata de esperar el pronunciamiento de los supremos, que tienen también la oportunidad de demostrar que están por encima de lo circunstancial, en el nivel en que necesitamos que haya instancias que expresen lo nacional y permanente.
La política está más atada a lo inmediato, como sería condicionar la resolución del conflicto en función de la conveniencia o necesidad de ganar una elección, en cuyo caso es notorio que Mendoza tiene actualmente mayor peso que La Pampa.
Dejo el análisis de situación para quienes están más en la actualidad del problema, aunque no sin expresar mi inquietud ante esa escapada de un alto funcionario de nación que debió exponer una posición que se presumía valiosa por centrarse en lo objetivo, según algunas de sus manifestaciones previas.. No respondió al llamado cuando llegó su turno.
Puedo decir ahora que me satisfizo el desempeño de nuestra representación. Hace ya más de medio siglo, en el relato de unos viajes que hice por todo el oeste y que repetí luego en varias ocasiones, traje la impresión de que La Pampa del este, la semiárida y a la vez con mejores suelos, vivía de espaldas a la realidad de dos tercios del territorio que nos tocó en suerte luego de que las viejas provincias definieran con qué se quedaban de lo que se había ganado al ocupar militarmente todo el sector que caía bajo la denominación global de desierto. En esa realidad física el hombre había dejado huellas seculares y se habían desarrollado historias de vida vinculadas estrechamente a las aguas que traían los ríos interprovinciales. Los pobladores que llegaron a partir del hecho político y militar, mayoritariamente procedentes de las provincias viejas, debieron afrontar el efecto de la paulatina merma de esas aguas superficiales, hasta su desaparición periódica, en proceso de hacerse definitiva por la retención de los arribeños, que prosigue hasta nuestros días. Esta historia de hombres y ríos se ha repetido en todo el hábitat y fue esta continuada experiencia de despojo, de luchas y de frustraciones, lo que generó un desarrollo del derecho referido a la disponibilidad de esas aguas hasta configurarse una legislación y una toma de conciencia que. si bien nunca estuvo exenta de trampas, ha dado cierta seguridad en regiones del viejo mundo. Al mismo tiempo, esa legislación ha destacado el grado de dependencia que tenemos con respecto a la necesidad de un comportamiento solidario. Parte de la actual tragedia de África se relaciona con esta lucha por los ríos, ya por apropiaciones indebidas, ya porque la población crece, pero no así la disponibilidad de las aguas. Hoy mismo, la minería consume y desmejora las aguas que sustentan la vida, cuando no envenena los ríos y arroyos.
Entre los finales imaginados para nuestra “residencia en la tierra” la lucha por el agua aparece cada vez con mayor frecuencia.
La diferencia del comportamiento pampeano en la audiencia convocada por la Corte es que ahora prácticamente toda La Pampa poblada ha tomado conciencia no solamente de la repetida tragedia que viven los oesteños. Importa más que hayamos dejado de estar “mirando al este” y empecemos a tomar conciencia de nuestra responsabilidad con respecto a todo el territorio. No lo hemos elegido, es el que nos ha tocado en la lotería de la vida. Es el pedazo de patria que nos fue dado en custodia y puesto bajo nuestra responsabilidad.
Esta vez hemos dado una respuesta homogénea ante la continuidad del proceso de despojamiento. Hemos actuado como una comunidad solidaria que no se limita a declarar derechos, sino que los asume, se empodera y afronta las responsabilidades inherentes desde el conocimiento y también desde la esperanza puesta en soluciones que nos hagan sentir unidos con las viejas provincias en el cuidado del destino compartido.
Atentamente:
Jotavé